miércoles, 14 de diciembre de 2016

Estas Navidades, más que nunca, Familia!



Este año, venía pensando en escribir mi post de buenos augurios en estas Fiestas abordando los dilemas de las políticas pendulares en Argentina que parecieran volver del pasado incansablemente. También los de nuestro futuro: ¿trabajaremos más porque la esperanza de vida crece y las cajas previsionales colapsan o menos porque la incorporación de la tecnología seguirá achicando fuentes de trabajo obligándonos a compartir el poco trabajo que quede entre todos?


Sin embargo....todo cambió exactamente el 8/12 cuando supimos que hacía tres meses el Futuro, silencioso, se mecía en el mejor lugar del mundo, la panza de su mamá. También cuando observamos que a su papá, el gourmet interesado por las ecuaciones y las letras, le brillaban los ojos de tanta felicidad. Los dos, ya eran tres. Por un instante el mundo se detuvo y cuando reanudó su movimiento los hijos se habían transformado en padres; los padres nos habíamos transformado en abuelos; los abuelos, en bisabuelos; los compañeros del alma y de la vida en abuelos del alma y de la vida; los hermanos, en tíos y mucho más... Porque así de fantástico es el milagro de la vida. Todo lo alcanza. Entre lágrimas, brindamos con vino elegido por el papá, inspirado también en familia. Plop, de Manuel Michelini, que continúa la tradición mendocina Muffatto-Michelini, y que, oh casualidad, tiene en su etiqueta la ilustración de un flamenco (aunque para este texto diremos que era una cigüeña....).


Hace un tiempo escuchaba la maravillosa la voz de Vanesa Redgrave que decía: "La Navidad llega a fin de año. Es el momento de alcanzarlo, de mirar para atrás, y encontrar alivio en su magia que perdura. Es cuando hacemos nuestros inventarios, medimos la felicidad y el dolor. Es el momento en el que decimos "esto es lo que somos, es en lo que nos hemos convertido" y, muy especialmente, es cuando reconocemos lo que más atesoramos". Nosotros atesoramos a nuestra familia, así de sencillo. 


Faltó decirles, que Vanesa Redgrave, decía esas palabras encarnando a una madura enfermera Jenny, en un especial de Navidad de 2014, de la serie británica de época denominada: "Llamen a la partera" (¡créanme que no es broma!).


Esta Navidad, más que nunca para nuestra familia, anuncia Futuro. Lo abrazaremos con amor. Es mi deseo que esta ilusión tan especial para nosotros se recree bajo distintas formas, las que ustedes hayan elegido, las que la vida les proponga o imponga, en cada uno de sus hogares, con los suyos, en paz. ¡Feliz Año 2017! ¡Salud! 


Mientras brindamos juntos...cedo la palabra al poeta que con sabiduría dice: " ... de vez en cuando la vida afina con el pincel, se nos eriza la piel, faltan palabras..." ¿Lo escuchamos?


https://youtu.be/3isBdFbLJrE

sábado, 15 de octubre de 2016

De Galway y la magia del Clabbagh.




Hay lugares mágicos. A veces a la magia tratamos de decodificarla (¡como si se pudiera!) desde las virtudes naturales del lugar, otras veces desde su historia, otras desde su gente, su cultura. En Galway, Irlanda, creo que son muchas y variadas las cuestiones que me hacen pensar que es un rincón mágico del planeta. Claro que... es cierto.... para mí, adicionalmente, tiene una magia personal: es la región de Irlanda con mayor densidad de Naughtons, tanto que hasta uno de los pubs más lindos de la ciudad los lleva como nombre desde 1894, el (en gaélico) Tigh Neaćtain Pub. Sin embargo, créanme que no estoy sesgada. Voy a darles mis razones más allá del árbol genealógico que nunca construí...


Galway se recuesta sobre el Océano Atlántico. Las costas de Irlanda, por su origen glaciar, son muy recortadas, angulares. Eso hace que el mar las acaricie directamente a través de sus playas, aunque también golpeando incansablemente a enormes acantilados, o rodeando pacíficamente islas que se desprendieron o.... sencillamente, encontrándose con ríos que bajan de sus tantas lagunas interiores. 


Y hablando de ríos: El río Corrib que divide a la ciudad de Galway, encuentra sus orígenes en un lago de Connemara que lleva también su nombre y desemboca en el mar frente a la ciudad. Río y mar, amablemente, al ritmo de las mareas han aprendido a fusionarse y administrar las fuertes tensiones que resultan de su encuentro. La marea sube, el río cede. Cuando el río caudaloso corre para descargar lo que aporta en exceso la abundante lluvia, el mar retrocede. Por momentos se resisten, se rechazan arremolinándose, pero sabiamente saben cómo desprenderse y retomar su convivencia, independiente. El fluir que generan juntos es apacible y ha sido elegido cotidianamente por una colonia de elegantes aves blancas (¿garzas? ¿cisnes?) que, graciosamente, habitan el lugar. Hermosa imagen mil veces dibujada y fotografiada. De ensueño.


Claro que hablábamos que no era sólo la naturaleza lo que hacía a un lugar especial.... Una leyenda, por ejemplo, aporta carácter, ¿no? Pues bien, ese lugar en el que el río y el mar conviven, se llama Claddagh (significa playa pedregosa). Cuenta la leyenda que por el siglo XVII, un hombre llamado Richard, miembro del clan Joyce nativo de Galway, específicamente del Claddagh fue a trabajar a las Indias Occidentales prometiéndole a su mujer un pronto regreso. Sin embargo, su barco fue capturado por moros de Argelia y él entregado en esclavitud. Curiosamente fue en esa condición que desarrolló su oficio de orfebre. Fueron largos 14 años, y cuando llegó finalmente el momento de la liberación, era tal la maestría que había adquirido que incluso lo invitaron a permanecer al extremo que quien le había enseñado el oficio, le ofreció a su hija (¡!) y la mitad de toda su riqueza en retribución. Él, fiel a su amor, no dudó en volver a Galway para su ansiado reencuentro. Claro que..no lo hizo solo. Volvió con un anillo diseñado e inspirado durante el cautiverio. Es el que hoy conocemos como anillo de Claddagh, uno de los símbolos más extendidos de la identidad irlandesa. Ilustra un corazón coronado y abrazado por dos manos que simbolizan al amor, la amistad y la fidelidad. 


Caminar por el Claddagh todavía hoy, es una fiesta. Sus casitas de antiguos pescadores pintadas con colores distintivos y ventanas y techos muy parejos adornan la "Long Walk". Esa calle fue una idea de Edward Eyre (aventurero cromwelliano, según algunas fuentes locales era padre de Jane el personaje de Charlotte Brontë) quien en el siglo XVII la concibió como un sendero para expandir la ciudad más allá de sus muros medioevales, muchos de los cuales todavía están en pie. Hoy, acompaña el arrullo de los cisnes y a la eterna fusión del río, el mar y los ecos de la historia.


Nos hospedamos en un bed and breakfast que, como no podía ser de otra manera se llama "The Herons Rest" ("El descanso de las garzas"). Delicioso, decorado con calidez, su staff atento a todos los detalles proveyó refugio y placeres culinarios a nuestra estadía en Galway permitiéndonos, desde sus ventanas, convivir con el misterio que todavía prodiga el Clabbagh.


PD. Para más sobre Irlanda dejo los links siguientes de posts ya publicados: 

  • sobre Trinity College: http://alejandranaughton.blogspot.co.uk/2013/08/irlanda-de-trinity-library-mi-apellido.html
  • sobre el mundo de la célebre cerveza Guiness: http://alejandranaughton.blogspot.co.uk/2013/08/irlanda-una-visita-al-mundo-guinness.html
  • sobre la Península de Dingle y los anillos de Kerry: http://alejandranaughton.blogspot.co.uk/2013/08/irlanda-dingle-peninsula-y-ring-of.html
  • sobre los Acantilados de Moher: http://alejandranaughton.blogspot.co.uk/2013/08/irlanda-burren-y-cliff-moher.html
  • sobre Dublin, sus catedrales y sus escritores: http://alejandranaughton.blogspot.co.uk/2013/08/dublin-de-escritores-catedrales-y.html
  • sobre James Joyce: http://alejandranaughton.blogspot.co.uk/2016/10/mas-cerca-de-james-joyce.html
  • sobre el Castillo de Malahide: http://alejandranaughton.blogspot.co.uk/2016/10/castillo-de-malahide-minutos-de-dublin.html

viernes, 7 de octubre de 2016

Más cerca de James Joyce.


Nunca leí a James Joyce. Siempre me despertó curiosidad pero nunca logré leerlo. De muy joven, por pudor (lo que me llegaba del libro parecía sórdido). Más grande y superadas las zonceras, por el temor a que mi inglés no estuviera a la altura. Más recientemente, porque creo que no me llegó la hora, y que debiera leerlo guiada en algún taller literario al que no encuentro el momento para ir. La buena noticia es que a esta altura de mi vida ya aprendí que las cosas llegan en el momento justo. Ni antes, ni después. 

Tal vez sea por esa razón que en nuestro primer viaje a Irlanda Joyce se nos cruzó sólo en su célebre estatua callejera. Sin embargo esta vez, más detenidos, nos zambullimos tanto en el Centro James Joyce en Dublin (caminata de 10 minutos desde O'Connell Bridge) como en el Museo James Joyce, en la Martello Tower de Sandycove (30 minutos de tren Dart hacia el sur), exactamente donde se ambienta el comienzo del celebrado Ulises. Y... logramos acercarnos. Acercarnos a su biografía, a su condición de irlandés ciudadano de Dublin donde sea que él esté, a sus obsesiones, a algunos de sus personajes, a quienes desde la vida real los inspiraron. ¿Nora, su mujer de toda la vida, con la que caminó por primera vez un 16 de Junio, es Mollie?



Es que la realidad y la ficción en el Ulises de Joyce no se distinguen evidentemente, e invitan a recorrerlo en un juego de espejos.  La vida entera se subsume en un día (o más precisamente en 18 horas y 45 minutos) y en él, el amor y la decepción, el paraíso y el infierno. Todo sucede en ese 16 de junio, que se repite hasta lo inimaginable en su homenaje bajo el nombre de Bloomday, días de verano en los que los amantes y devotos del libro recorren cada una de las paradas que sus personajes hacen en Dublin. Dublin, apenas una ciudad. También el Universo. Hoy, algunos rincones escenográficos permanecen intactos. Otros, solo existen a través de testimonios. 

Dicen algunos expertos que el Ulises de Joyce es la novela más compleja jamás escrita. Borges (quien hablando de cercanías fue el primero en acercarme a Joyce), dijo alguna vez que era ilegible y que, tal vez, no haya sido creada para ser leída, sino estudiada, paladeada de a tramos. También en un poema cuyo título es "James Joyce" escribió inspirado por la lectura, total o parcial, no importa mucho...: "En un día del hombre están los días del tiempo..."

En el Ulises...¿son más importantes, los personajes o el lenguaje? Siguiendo una lectura tradicional tendemos a aferrarnos a la trama, a Leopold Bloom, Mollie Bloom, Stephan Dedalus. Sin embargo algunos críticos dicen que el verdadero protagonista es el lenguaje reinventándose en versiones desconocidas. No solo desde las palabras inéditas, sino también desde el uso o ausencia de los signos de puntuación. Sobre la ausencia, el último capítulo pone a Mollie y su soliloquio en el centro de la escena. Es ella la que tiene la última palabra, y es "yes". Termina con un "I will yes" que a mí, personalmente, me remitió a pensar en que en este juego de literatura que propuso Joyce, "yes" se había convertido en verbo... una sola coma hubiera impedido mi divague. 

No sé si leeré alguna vez el Ulises. Tal vez. Lo que es seguro, es que me siento más cerca.




miércoles, 5 de octubre de 2016

Castillo de Malahide, a minutos de Dublin.






El Castillo de Malahide construido hace mas de mil años se encuentra a menos de cuarenta minutos de Dublin, (vía el tren Dart, 3,5 euros cada pasajero). Su nombre deriva de una palabra que en gaélico significa "Marea" y hace honor a la proximidad de su emplazamiento al mar (también leí por ahí que significaba "promontorio de la santa ira", pero lo de las mareas me gusta más!).  El primer bloque construido fue el rectángulo que se conoce como la sala de roble que elevada permitía cobijar a los animales debajo. Poco encantadora la imagen...Sin embargo el tiempo pasó, y con él el castillo evolucionó hasta convertirse en lo que hoy es, que a su vez nos muestra lo que fué... (así de circular termina siendo las historias de castillos...). 

El castillo perteneció por 800 años a una sola familia, la familia Talbot quienes lo mantuvieron hasta que en 1973 la última de sus descendientes, Rose, lo entregó al estado en pago de impuestos a la herencia. Con su muerte en 2009 y sin descendientes, la saga de los Talbot terminó en donde Rose pasó los últimos treinta años de su vida, en Tasmania. 

La familia Talbot como todas, es el resultado de una mezcla de culturas. Orígenes franceses que leales al rey de Inglaterra se terminaron estableciendo y constribuyendo a la cultura de Irlanda. Así de ecléctico, así de auténtico. Richard Talbot (originalmente normando "Tailbois" or "Talebot") recibió en 1185 por parte del rey Enrique II de Inglaterra las tierras sobre las cuales creció y aún vive el castillo.  Claro que la historia no está exenta de frustraciones como los que acarrearon los diez años que mantuvieron a la familia fuera de Malahide por ocupación de las fuerzas de Cronwell entre 1649 y 1660. Eran tiempos en los que el Rey de Inglaterra (la misma corona que les había otorgado a los Talbot las tierras cinco siglos atrás) impulsaba a la fuerza a los irlandeses hacia el oeste para disponer para su provecho las tierras más fértiles y productivas. Su lema era claro:  "To Hell or to Connaught". Así fue como dejaron el castillo hasta que los aires cambiaron. Lo que nunca cambió es su vocación religiosa. Los Talbot, siempre se mantuvieron apegados a la fe católica, lo que los mantuvo por ejemplo al lado de James II de Escocia y les valió muchas muertes en batalla contra los Orange. También imagino, los mantuvo del lado de la Irlanda independiente considerando los testimonios que dejan constancia de la popularidad que supieron tener aún en medio de los agitados años veinte.

El castillo de Malahide atesora muchas pinturas, sin embargo fue una la que más llamó nuestra atención: un retrato de Milo y Rose Talbot en las faldas de su mamá. Milo y Rose fueron los últimos descendientes de los Talbot y custodian el castillo, aún hoy, desde ese cuadro. Rose, pintada con la técnica "Mona Lisa Style" (literalmente así lo mencionó la expresiva y locuaz guía), nos mira fijo cuando pasamos frente a ella, con tanta persistencia que parece incluso girar su cuerpo a medida que cambiamos de ángulo y nos alejamos. Notable obra (no logro lamentablemente dar con el nombre de su pintor).



La visita no es completa si no incluye los jardines diseñados por Milo Talbot, que si bien no tuvo hijos, dejó en los jardines un magnífico legado y ... las historias de fantasmas. Están tan presentes que hasta nos mostraron una pequeña puerta y un balcón desde el cual los fantasmas controlaban (y aún controlan) lo que sucede en el gran living. ¿No me creen? Les dejo la foto del living -en el ángulo, se observa la pequeña puerta, el balcón detrás de la araña-. No busquen al fantasma, no quiso posar.... o... es él quien se deja entrever?!?



PD. Al regreso y, antes de tomar el tren de regreso a Dublin, vale la pena caminar hasta el mar. La pintoresca ciudad se extiende con muchas flores y casas coloridas sobre la costa. 


domingo, 2 de octubre de 2016

Revolución en el Museo Victoria and Albert de Londres.



Ayer ví el manuscrito de Yesterday, puño y letra de Paul Mc Cartney y otros de John Lennon. Y a Twiggy en minifalda. También una publicidad sobre filmaciones en formato super-8 ... decía: "lo único que importa es el presente, capturalo". Y escenas de Blow up, de Michelangelo Antonioni con Vanesa Redgrave engalanando la pantalla (relato de Julio Cortazar). Su guión inquietaba con la potencia de imágenes ampliadas hasta...explotar y revelar verdades... Y hablando de explotar, también me crucé con el festival de Woodstok sorprendiendo todavía con su inusitada convocatoria de más de 400.000 personas en épocas que no había redes sociales ni celulares inteligentes. Los convocaba la cultura hippie y el rechazo a la guerra. 

¿Dónde ví todo eso y no ví seguramente tantas otros testimonios de los 60? En la exhibición del Victoria and Albert Museum de Londres. Se llama: "Dijiste que querés una revolución?" El título está inspirado en la canción Revolution de los Beatles que dice en sus versos: "Dijiste que querés una revolución? Bien...¿sabés? Todos queremos cambiar el mundo...". Al entrar, entregan unos auriculares que te transportan mientras van transmitiendo música, o el audio de los videos que se reproducen en el espacio por el que vas pasando. El sonido y el color nos traslada a una época en la que parecía que un mundo mejor era posible. TODO parecía posible. La aparición de la primer tarjeta de crédito (que debió esperar hasta 1973 para ser otorgada a mujeres en calidad de titulares (¡!) impulsó el consumo hasta el sinsentido. No importaba ni la utilidad, ni la durabilidad de lo que se compraba. Solo su consumo. Ok...Mejor intentar cambiar ese mundo, no?

¿Y por qué digo que seguramente no ví tantísimas cosas más? Porque la exhibición bombardea con estímulos simultáneos, que compiten para atraer nuestra atención, pero donde la atracción es muy interior y la experiencia muy personal: una tapa de un disco, o un póster nos remonta al pasado, una canción con solo escucharla nos remite a la juventud y nos invita a bailar. Imposible percibir todo. Como en los 60...

Hacia el final del recorrido, un video que se reproduce de manera circular con la cortina musical del más famoso spot publicitario "Quiero comprarle al mundo una Coca Cola", hace una síntesis de "todo": sobre una melodía pegadiza, un grupo ecléctico representante de todas las etnias desea comprarles al mundo desde hogar, paz, armonía, hasta Coca Cola...


Todo lo que venimos viendo, sobre todo las emociones, se ensamblan de manera magistral mientras miramos el video. Se suman personajes políticos (Thatcher, Clinton, Obama), celebridades (Lady Di, Steve Jobs), personajes de ficción (Don Draper en el inolvidable -y sorprendente- final de Mad Men con la música del...aviso de Coca...), e hitos como la llegada del hombre a la luna o la irrupción de Internet. Mientras tanto en algún momento, una imagen perturbadora, la de las torres gemelas a punto de colapsar, sutil, me sugiere: ¿Es todo lo mejor que nos proponíamos este mundo que hoy vivimos? 

A la luz de nuestro presente, tal vez los propósitos de la contracultura de los 60 luzcan fallidos pero... como cantaban John y Yoko entre sábanas blancas: "Todo lo que decimos es: démosle una oportunidad a la Paz". ¿Cómo no seguir intentándolo? Además... ¿Qué otro sentido tiene vivir que no sea cambiar al mundo? Algunos lo intentan haciendo revoluciones, otros música, otros escribiendo, otros leyendo, otros filmando, otros viviendo, simplemente, respirando bien hondo. Ommm...






sábado, 20 de agosto de 2016

Mendoza, y sus rutas del vino, otra vez, nos regalan momentos inolvidables.




Mendoza, por segunda vez en el año, nos regala días inolvidables. Durante la Vendimia fue el sol y la fascinación de la cosecha. Por estos días, en cambio, el aire frío insinúa el preludio de lo que en unos pocos meses renacerá. Confirmamos, como nos contaban los mendocinos en Marzo, que la belleza dura todo el año. Entre estaciones, su paisaje cambia la fisonomía virtuosa y cíclica: en verano verde pleno, con el color de los racimos contrastando con las hojas, las mismas que se deshojan con el frío del invierno cuando los cultivos se repliegan, y duermen, custodiados por los picos helados de la Cordillera de Los Andes. 

Haciendo base en el recientemente relanzado Gran Hotel Potrerillos distinguido por su porte tradicional, su emplazamiento, y la hospitalidad de su equipo, visitamos las Bodega Viña Cobos y Lagarde. En Viña Cobos, el protagonista indiscutido fue el vino. En Lagarde, al vino, se le sumó el predio, el concepto industrial que nos remonta a la tradición, con techos altos revestidos en el interior por cañas. El restaurant es un encanto, deliciosamente decorado, mezcla moderna y retro. El menú de cinco pasos regado de vinos premium, delicioso. Ocupamos la mesa "Henry" en honor a su marca de mayor gama. 

Nuestra recorrida por esta Mendoza en Agosto, siguió en Casa de Uco, un lugar muy cerca de la cordillera emplazado entre viñedos, como no podía ser de otra manera. Los grandes ventanales y dobles alturas nos dan la sensación de estar suspendidos en la naturaleza, adentro y fuera a la vez. No hay ventana que no regale un paisaje de excepción. La decoración interior solo genera sensación de refugio, relax, y buen gusto. Muebles y objetos color pastel, cálidos, elaborados en materiales nobles conviven en armonía con la estructura de cemento alisado. Todo está dispuesto para el disfrute. A las espectaculares vistas se suman una oferta culinaria variada que, flexible, se adapta a los vinos de su cava generosa, y una atención absolutamente personalizada de su House Team siempre al servicio del bienestar del huésped. El buen vivir sencillamente, fluye. Los sentidos se regocijan con distintas propuestas, desde caminatas, paseos apacibles a caballo, arquería, el spa o... una cena acompañada con la charla de un enólogo. Tuvimos el gusto de ser guiados por Andrea Mufatto y Gerardo Michelini quienes generosamente compartieron la magia detrás de algunas de sus marcas de Bodegas Gen del Alma. Empezamos con su JiJiJi, terminamos con su exclusivo SuperUco. Una propuesta diferente, soñadora y de calidad de "La enóloga y el otro Michelini" (me encantó esa bajada de sus etiquetas).



Casa de Uco se emplaza, como su nombre lo indica, en el Valle de Uco, al pie de los Andes. La elevación del Valle, sus suelos, sus microclimas con lluvias y sol exactos, con amplitud térmica ideal, son propicios para el cultivo de la vid. Desde hace más de 10 años que se instalaron los primeros establecimientos en el Valle, la zona no ha dejado de consolidarse y crecer en infraestructura al servicio de la industria vitivinícola argentina destacada por su excelencia. 

Entre tantas bodegas de la zona, tal vez sea Salentein la más espectacular. Allí, se combina el fruto de la tierra, el valor agregado de la producción industrial a gran escala y de última generación, y... una arquitectura muy singular. En su Espacio Killka, se puede disfrutar de degustaciones ofrecidas sobre trozos de mármol tan enormes que por su peso han sido ubicados allí incluso antes de elevar los techos. A pocos metros de las salas de degustación se ubica el epicentro del complejo: la catedral del vino, la cava con forma de anfiteatro. Bastará para despertar la curiosidad contarles que destaca en su centro un piano de cola, sobre un piso de marmol que dibuja una rosa de los vientos y sus puntos cardinales, representando la conexión de la bodega con el mundo. Allí se celebran conciertos (ya vemos que la ruta del vino, deviene de tiempo en tiempo en ruta de la música...).

El recorrido siguió en Siete Fuegos, de Francis Mallman, gastronomía argentina de excelencia. Sus fuegos, que nos acariciaron en un día con agua nieve hicieron magia con el pan, con las carnes diversas y vegetales que cada uno eligió y unos ñoquis que, en mi opinión, son los mejores del mundo.

De vuelta en Casa de Uco y a horas del regreso a Buenos Aires, nos espera un rico asado a leña. Me quedo pensando en lo hermoso y variado que es nuestro país, en su evolución, en su enorme potencial. Mendoza, en invierno o en verano, siempre hace bien a los sentidos! Aunque...para ser sincera, lo que hace a este viaje especialmente inolvidable es haberlo hecho en familia, completa, las tres generaciones juntas, celebrando. Salud!

PD. Elegimos Mendoza para celebrar a Papá cumpliendo sus 80 años y a Mamá que lo acompaña formando un dúo que nos enorgullece. Nosotros soñamos estos días para ellos y @hontravel Wine Tours con @marsusmarcelo cuidando todos los detalles lo hicieron posible. Gracias! 

sábado, 9 de julio de 2016

El Bicentenario y los inspiradores Les Luthiers.




Empezamos el tercer siglo de nuestra patria, hace pocas horas, disfrutando un espectáculo de Les Luthiers desde la Plaza Vaticano, frente al Teatro Colón. Fue muy grato, comenzamos con una sonrisa lúcida.

Me pareció simbólico, y me quedé pensando en lo que significa la obra de Les Luthiers y lo que podían inspirarnos en este momento en el que el amor a la patria se revitaliza con el atractivo de los números redondos. 200 años de identidad nacional independiente con, todavía, muchos desafíos por delante.

Les Luthiers es un grupo musical, tradicional, que trascendió las fronteras, mereciendo nuestra admiración al igual que la de públicos del exterior. Siempre buscó la excelencia, sus integrantes son músicos destacados con habilidad para conquistar a grandes auditorios: populares y elitistas a la vez. Su fino humor hace que cada performance sea una fiesta para los sentidos, al son de buena música, sus ocurrencias generan la magia de hacer que todo lo que nos rodea quede en suspenso, abriendo paso al humor. Se ríen de sí mismos, todo el tiempo. Son creativos, diseñan instrumentos musicales con elementos insospechados. Desafían al supuesto sentido común. ¿Un instrumento de cuerdas con una lata de jamón en conserva? Sí, el Latín. ¿Un instrumento de vientos con tubos de ensayo rellenos a distinto nivel con silicona? Sí, el Tubófono silicónico cromático. ¿18 pelotas de handball acomodadas a modo de teclado? Sí, el Bolarmonio. Finalmente, a lo largo de su larga trayectoria, se han sobrepuesto a la pérdida de miembros claves muy talentosos y admirados. Se suman nuevos integrantes, respetuosos del pasado, conscientes de lo que les toca aportar, en armonía con la obra que los trasciende.

Brindemos, hoy 9 de Julio de 2016, porque logremos ampliar nuestra mirada reconociendo las oportunidades que tenemos como país en el mundo de hoy, para crecer y hacer que nuestros hijos y nietos vivan en una sociedad más inclusiva. Propongo seamos creativos superando los límites, reinventando lo que tenemos a nuestro alcance sin nostalgias, mirando para adelante, conscientes que todos y cada uno de nosotros somos protagonistas. ¡Riámosnos de nuestras torpezas! Juntos y en diversidad, podremos producir un conjunto armónico y de excelencia, como Les Luthiers, combinando este piano de cola y el bolarmonio... Feliz Día de la Patria!