
Todos los Presidentes del BCRA que tuve el gusto de conocer, todos, han tenido situaciones de tensión y desinteligencias con el Poder Ejecutivo Nacional. Invariablemente, los conflictos han quedado atrás o con la pérdida de personas que todavía tenían mucho talento para desplegar (por destituciones, renuncias o mandatos no renovados) o con importantes quitas en el patrimonio del Banco. Siempre pérdidas: en el capital humano, en los números.
Roque Fernández, tuvo que lidiar con las tensiones por las depuraciones de activos inexistentes acumulados luego de años de disparates monetarios. Sólo como ejemplo, vale recordar que un Bono que durante varios años se expuso en el balance del BCRA como “en trámite de emisión” un buen día tuvo que ser “borrado” (USS 3.000 millones). Sencillamente, el Poder Ejecutivo se negó a emitirlo, qué tanto.
Pedro Pou, terminó destituido cuando sus convicción por mantener los principios de la convertibilidad fueron inaceptables para el por entonces, muy crispado Ministro Cavallo (que, paradójicamente, los había planteado en sus orígenes). Esa destitución se documentó con un decreto que consideró un informe de la Comisión Especial del Congreso creada para tal fin (como indica la ley…). Él siguió batallando en la justicia reclamando, no satisfecho con los fundamentos de la medida. Si mi memoria no me falla llegó a la Corte Suprema.
Para completar el mandato de Pedro Pou, circularon por el despacho presidencial de Reconquista 266 … ¡cuatro presidentes! Roque Maccarone, Mario Blejer, Aldo Pignanelli, Alfonso Prat Gay. Cuatro presidentes, dos años. Recordemos que la ley, para asegurar su estabilidad, define para los presidentes del BCRA mandatos de seis años no coincidentes con la renovación de las autoridades nacionales. Por lo visto, nos cuesta cumplir con la ley. Y vaya cuánto nos cuesta.
Hoy, el turno es de Martín Redrado. Pelea ( y cómo!) por lograr terminar por primera vez el mandato de 6 años. Era demasiada normalidad. Casi, casi. Iba por los 5 años y cuatro meses cuando ¡zás!, se topó con el Fondo del Bicentenario (a propósito, el Bicentenario merecía otros honores…).
Todos lidiaron y lidian… de alguna u otra manera con las desinteligencias de siempre: peleas por medidas intempestivas y arbitrarias, peleas por la sinrazón de pesificaciones asimétricas, peleas por diferencias de interpretación en la medición de los márgenes de financiamiento del BCRA al Tesoro, peleas por diferencias en la medición de las utilidades que el BCRA puede transferirle al Tesoro, peleas por quién ocupa las sillas del Directorio, peleas por el uso de las reservas internacionales… Siempre peleas.
¿Cuánto más tendremos que ver para entender que el problema no es el BCRA sino la voracidad de los gobiernos de turno? Por la presidencia del BCRA han pasado mentes preparadas, de distinta extracción, pero igual convicción y compromiso. Del otro lado de la Plaza de Mayo también hubo siempre mucha coherencia: voracidad.
“Nosotros tenemos la deuda, ustedes tiene la plata” me dijo una altísima funcionaria cuando la discusión era por el pago al FMI con reservas del BCRA en el 2005. Caramba, eso sí que es claridad de pensamiento.
El tema de fondo no es tan complicado: el BCRA es el ente emisor monopólico de moneda. También tiene capacidad para acumular reservas internacionales. Dos cajas, pesos y dólares. Sueño dorado para mentes febriles de deudores díscolos en búsqueda de financiamiento… Todos ello hace del BCRA un botín único e irresistible cuando los números aprietan. Y los números parecen empecinarse en apretar recurrentemente. Por eso, recurrentemente, presenciamos este tipo de crisis que sólo se analizan desde la repetidísima frase: “el BCRA no puede abstraerse de la política económica general… ¿qué es eso de la independencia?”
Por eso mi propuesta es pensar el tema de fondo. Para que no sea un acto heroico terminar un mandato presidencial en el BCRA. Hoy le toca a Martín Redrado. Aporté mis vivencias profesionales. También podría remontarme a 1820 con la creación del primer Banco de Emisión del país y les aseguro que sería capaz de ofrecerles otros tantos ejemplos de voracidad fiscal. Siempre lo mismo. ¿Cuándo entenderemos que la Constitución Nacional y las Leyes deben ser nuestro norte y sólo cuando nos dignemos a cumplirlas podremos hacer un país en serio?
Como dice la Carta Orgánica del BCRA, ley 24144 de la Nación, es misión primaria y fundamental del BCRA preservar el valor de la moneda. Responsablemente, en el marco de la ley, de manera transparente, en beneficio de todos los argentinos, no de los gobiernos de turno. Eso, sencillito. Ni más, ni menos.
PS. Profundizo en las raíces de los disparates monetarios desde 1820 en el libro que escribí en co-autoría con Homero Braessas: “La Realidad Financiera del BCRA”, Editorial de Belgrano, 1997. Como ven, estos temas hace rato que me vienen obsesionando.









