martes, 15 de julio de 2008

París I. Crónicas.



Martes a la tarde (luego de más de doce horas de vuelo…): Notre Dame, Caminata por la Ile de la Cité, Cena.
Miércoles a la mañana. Sol. Tomamos un Batobus que nos paseó durante todo el día por el Sena. Primer parada que hicimos: la Tour Eiffel. Vista espectacular de la ciudad
Miércoles a la tarde: Seguimos en el Batobus, segunda parada en el Museo de Orsay, pero no entramos. Fuimos a Place de la Concorde. Desde allí caminata por los Jardines de Tullerias y… baguettes. Luego nos metimos por Rue de Rivoli, Rue Saint Honoré, Place Vandome, (qué lindos negocios!!! Encontré a Custo Barcelona…). Finalmente la Opera. Caminamos hasta el Museo del Louvre. Que entramos, que no, que si, que, tal vez, que la Pirámide de adentro, que no, que desde afuera, que, tal vez… Y bue, vamos. No habia cola. Decidimos focalizarnos: Mona Lisa, Victoria de Samotracia, Venus de Nilo y una gordita bordando encaje (“La Encajera de Vermeer). En el camino casi nos quedamos mudos con dos Da Vinci más. “Cielo, estamos en una sala que tiene más Da Vincis”, dijo Julio como para repetirlo, escucharlo y salir de la sensación de ensoñación. Un capítulo aparte merece la Sala con la Mona Lisa. Mucha gente alrededor, todos con sus cámaras reproduciendo en cada una de sus pantallitas a muchas Monas Lisas. Nos fuimos acercando siguiendo la inercia (no muy traumática, eran ya más de las 7 de la tarde, poca gente en el Museo) y en eso escucho a una señora al lado mío diciéndole a su amiga: “Please, please, I want a photo with her”. Her?? Pensé, quería sacarse una foto con la Mona Lisa??? Esa vieja conocida, tan vívida como para modelar con todos nosotros como si realmente la mujer de Don Francesco del Giocondo estuviera allí. Por qué no??, pensé. Allí fuimos entonces a hacer piruetas frente a ella para sacarmos “la” foto con la celebrity. Ahora en serio, más allá de su increíble popularidad antes y después del Código Da Vinci. El retrato es magnífico aunque la distancia, y los vidrios impiden disfrutar sus virtudes. Yo sigo pensando que las razones de que la Mona Lisa sea única existen y están al alcance de la mano (o un poco lejos, pero … existen, lo aseguro). Dice Lily Benmayor, una profesora de historia del arte que siempre releo en estos casos: “… la Gioconda está viva, a la inversa de esas figuras un tanto duras acartonadas, que caracterizaban el estilo de Piero y otros pintores del Primer Renacimiento”.Corriendo salimos a alcanzar el último Batobus que nos llevaría finalmente a nuestro destino, en frente de la Iglesia de Saint Severino en el Quartier Latin.
Jueves: Nos encaminamos hacia las 11 a la iglesia de Saint Severine, casi al frente de nuestro departamento. Buena idea. Por ser un ejemplar gótico, por verla antes de Notre Dame. Y si… Notre Dame, joya del siglo XIII en medio de una ciudad moderna como París… . Luego de Notre Dame nos fuimos a caminar por la Ile de Saint Louis. Joyita urbana, con pocas callecitas, very charming and… romantic. Unas super palmeritas nos acompañaron. En serio: super, eran como diez de las palmeritas que tomamos con el mate…Luego de un alto en la Gare du Nord para aclarar algunos aspectos logísticos del Eurostair que usaremos la semana prochain, digo próxima… llegamos a Sacre Coeur. Fenómeno arquitectónico que luego de Notre Dame luce muy opaco. Este Napoleón creo que la pifió bastante con estos megamonumentos.. De todas formas, Place de Tertre siempre nos ofrece entretenimientos con los pintores de retratos a los que por supuesto, no nos sometimos! Eso sí, nos sometimos a unos crepes espectaculares. La lluvia nos corrió y luego de una caminata totalmente calculada (nada mas eficiente que mapa en mano y mente memoriosa) que nos acercaría a la estación Abesse de Metro, nos acercamos, hoy sí al Museo D’Orsay.Increíble lo que han hecho hace ya más de 20 años los franceses con esta estación de trenes. Un museo único. También, como ayer, nos focalizamos… en los impresionistas… Estas obras pictóricas tan presentes en nuestra cultura ya no sabemos bien si sus virtudes vinieron antes de su popularidad o viceversa, lo concreto es que no hay manera de no sentirse como “en casa” viendo el Moulin de la Galette (Renoir). Me conmovieron especialmente, una dama de Renoir con velo, las bailarinas de Monet (eternas), la pareja bailarina también de Renoir y “Le Lit” de Toulouse Lautrec. Creo que en todas ellas hay estímulos profundos para que me sensibilicen en días tan especiales y esperados.Exhaustos nos encaminamos al Boulevard Saint Germain. Nos llevó más tiempo que el esperado alcanzar nuestro objetivo. A pesar de nuestro cansancio (elocuente en todo el cuerpo), los cafecitos de tres niveles, sillas alineadas hacia la calle, el sonido de amenas charlas, todo fiel testimonio del “bon vivir” compensaron el esfuerzo. Ni hablar de algún mercadito callejero que nos cruzamos con fromage et fruits.Cena en casa regada de vine jeune, “tout en finesse”.







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