viernes, 18 de julio de 2008

Gobierno Corporativo y Arquitectura del Sistema Financiero

¿Por qué son importantes las estructuras de Gobierno Corporativo?



El correcto funcionamiento de las estructuras de gobierno corporativo de bancos, y autoridades financieras (bancos centrales y superintendencia de bancos) contribuye a promover la disciplina de mercado, preservar la estabilidad del sistema y promover su desarrollo. El proceso de toma de decisiones de todos ellos, de una manera oportuna y salvaguardando los intereses de los principales interesados puede coadyuvar a remontar una mínima alteración o profundizarla hasta convertirla en crisis.
Los temas de gobierno corporativo correspondientes a entidades financieras concentra mucha atención por sus singulares características: los bancos, a diferencia de otras empresas, deben velar no sólo por el interés de los principales accionistas, sino también responder a sus depositantes. Su eventual quiebra tiene alto impacto público, puede generar contagio y desencadenar una crisis de liquidez y/o un colapso en la cadena de pagos.
Las crisis financieras afectan la reputación del sistema financiero y dañan la confianza de los inversores con el consecuente impacto en la economía toda. A nivel macro, puede afirmarse que los desafíos acarreados por eventuales riesgos sistémicos pueden ser mitigados por acciones tales como: regulaciones prudenciales, supervisión bancaria, el rol del prestamista de última instancia, mecanismos de seguro de depósitos, o normativas de resolución bancaria. Sin embargo, el desarrollo de buenas prácticas de gobierno corporativo puede contribuir a racionalizar el uso de cada uno de esos mecanismos, poniéndolos en funcionamiento de manera gradual, eficiente, priorizando los de carácter preventivo, como por ejemplo, la capacidad de supervisión bancaria efectiva, y postergando hasta que sea necesario, la acción del prestamista de última instancia o el seguro de depósitos.
La responsabilidad en la conducción de bancos y autoridades financieras son piedras angulares en la arquitectura del sistema financiero. Cada uno de ellos debe cumplir sus funciones específicas: los bancos intermediando financieramente y las autoridades supervisando el correcto funcionamiento del sistema financiero y preservando el valor de la moneda.
A continuación se focalizarán tres aspectos esenciales para un funcionamiento responsable de cada uno de ellos: la responsabilidad de los directorios y la alta gerencia, los criterios de administración de riesgos y la transparencia y rendición de cuentas. En cada caso, se dedicará un apartado a los desafíos para los bancos centrales, dado su rol destacado como autoridad rectora.



Responsabilidad de los Directorios y la Alta Gerencia

Las instituciones financieras (como cualquier otro tipo de organización) no pueden funcionar sin tener claro hacia dónde se dirigen, cuál es su visión estratégica, sus valores corporativos, su organización funcional, la asignación de responsabilidades, su perfil de riesgos y su criterio de rendición de cuentas, entre otros.
A su vez, debe existir un equilibrio de poderes de forma de asegurar mecanismos de control eficientes. En tal sentido, los puntos de vigilancia se deben repartir entre: el Directorio, consejeros independientes (de los accionistas, o influencias políticas, etc.) que no participan en el día a día operacional, la línea gerencial responsable de las unidades de negocios, y las funciones independientes de cumplimiento, auditoría y gestión de riesgos. Esta distribución sienta las bases para que el proceso de toma de decisiones no sea arbitrario ni responda a influencias de sectores determinados en detrimento de otros.
La dirección de las instituciones bancarias (incluyendo las autoridades financieras, tales como Bancos Centrales y Superintendencias de Bancos) tal como lo indica el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea en sus Fit and Proper Principles, debe estar en manos de personas capaces y adecuadas para cumplir con sus responsabilidades reuniendo la calificación formal y la experiencia necesaria, en un marco de probada integridad. Por su parte, el proceso de toma de decisiones debe llevarse a cabo en un marco predeterminado, de forma transparente, en base a estrategias, políticas y procedimientos previamente aprobados por quienes tienen la responsabilidad de hacerlo.
El directorio debe ser conciente de su rol fundamental en el gobierno corporativo eficiente del banco. En tal sentido, es responsable de impulsar decisiones tales como: aprobar y revisar periódicamente la estrategia de negocios, desarrollar el plan de acción, aprobar presupuestos, planes de negocios, perfil de riesgo, determinar objetivos de desempeño, controlar los gastos, las compras, hacer seguimiento de potenciales conflictos de interés, introducir cambios, seleccionar al personal clave, supervisar los planes de sucesión, reunirse regularmente con la línea gerencial, los auditores y supervisores bancarios.
La existencia de estos requisitos no sólo debe ser declamatoria, sino traducirse en la práctica. La aplicación del código europeo
[1] conocido como “cumpla o explique” (“comply or explain”) por el cual se promueve el cumplimiento de las políticas y procedimientos o se explica por qué no se las cumple es una aproximación pragmática a las buenas prácticas de gobierno corporativo. Otorgan flexibilidad y un marco para ejercer discrecionalidad cuando las instituciones se ven en la necesidad, por razones válidas, de apartarse de sus propias estrategias, políticas o procedimientos, pero sí y solo sí, lo hacen de forma transparente, clara, realizando los correspondientes reportes en caso de necesitarlo.
[1] El código “Comply or Explain” tiene por objetivo fortalecer la efectividad de los directorios e incrementar la confianza de los inversores a través de la mejora en los estándares de gobierno corporativo.



Bancos Centrales


Los Bancos Centrales son instituciones de naturaleza peculiar, sus decisiones afectan la dinámica de los sistemas financieros y su capacidad de emitir moneda fiduciaria los pone en una situación privilegiada de “independencia financiera”, pero a la vez de fragilidad. Curiosamente, esa extraordinaria capacidad, a la cual se agrega su contraparte, la capacidad de acumular reservas internacionales, suele ser la razón por la cual se producen tensiones que llegan, dependiendo del escenario político del país en que se encuentren, a cuestionar hasta su razón de ser.
Los Bancos Centrales deben operar en un contexto en el que se encuentren libres de toda influencia y conflicto de intereses y deben construir y mantener una clara relación con el gobierno. A su vez, la creciente tendencia hacia su operación independiente les impone una mayor responsabilidad que debe ser acompañada de una debida rendición de cuentas y eficacia en su conducción, tanto en lo referente a sus objetivos de política monetaria, como a sus objetivos de gestión administrativa.
Las responsabilidades sobre los distintos aspectos de la política económica asignadas a los Bancos Centrales y organismos económicos del Estado, deben estar claramente estipuladas para facilitar la interacción en las innumerables circunstancias que los vinculan y los efectos que la misma puede generar, en caso de ausencia de acuerdos
[1]. Por el contrario, una visión compartida acerca de los roles y responsabilidades de cada uno de ellos resulta crucial para lograr una dinámica operativa constructiva.
Para salvaguardar todos estos requisitos, algunas leyes que regulan la banca central suelen prever que el Ministerio de Economía tenga un representante (con voz pero sin voto) en el Directorio y que sus miembros cumplan requisitos de idoneidad, y tengan mandatos con plazos no coincidentes con la renovación de autoridades del Poder Ejecutivo. Adicionalmente, si bien no suele estar explicitado jurídicamente, es altamente aconsejable que el marco para la evaluación de “idoneidad” de los miembros del directorio sigan los principios descriptos anteriormente para la industria bancaria.
[1] La falta de mirada compartida y consecuentes decisiones arbitrarias pueden afectar la composición patrimonial del Banco o su capacidad operativa, por ejemplo.



Administración de Riesgos


Las prescripciones del Nuevo Acuerdo de Capitales Mínimos conocido como Basilea II, emitido por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, ha contribuido claramente a promover en la industria bancaria las mejores prácticas de administración de riesgos y su mejor entendimiento (desde la perspectiva de los bancos y de las autoridades financieras). También ha promovido la determinación de niveles de capital sensibles a los riesgos a los cuales están expuestos los bancos, de manera que todo el sistema financiero cuente con un nivel de capitalización razonable para absorber pérdidas que eventualmente puedan registrarse como consecuencia de la ocurrencia de los eventos de riesgo (de crédito, de mercado y operacional). De tal manera, se procura evitar quiebras individuales y potenciales efectos sistémicos adversos.
Los riesgos materiales que pudieran afectar adversamente el alcance de los objetivos de un Banco deben ser reconocidos y tenidos en cuenta al momento de delinear el perfil institucional de riesgos, oportunidad en la cual el banco debe evaluar si decide aceptar los riesgos, o desarrollar una estrategia para mitigarlos.
La función de administración de riesgos se articula entre el Directorio, la función o unidad independiente de gestión integral de riesgo, las áreas especializadas (negocio y apoyo) y la función de auditoría en el marco de las responsabilidades que se describen a continuación:

DIRECTORIO: Responsable último de los riesgos que enfrenta el Banco.
UNIDAD DE RIESGO: Administra, coordina, facilita. Propone políticas. Compila información estadística.
GERENCIAS (NEGOCIOS Y APOYO) Toman riesgos. Son los “propietarios” de los factores de riesgo. Aportan información. Aplican políticas.
AUDITORIA: Evalúa efectividad de la política.

Entre ellos, la Unidad de Riesgo (o quien ejerza la función de administración de riesgo) tiene una dedicación especializada. Con nivel jerárquico similar al correspondiente a las unidades que deciden la estrategia comercial y de negocios del banco, debe tener reporte directo a la Gerencia General. Su misión primaria es la identificación, medición, mitigación y monitoreo de todos los riesgos a los que se enfrenta el Banco (de crédito, mercado, tasa de interés, tipo de cambio, liquidez, operativo, legal, reputacional) de manera continua, y siempre en base a políticas documentadas formalmente y aprobadas oportunamente por el Directorio. De esta forma, la administración de riesgos se diseñará de acuerdo con el perfil de riesgo del Banco, o el umbral de riesgo aceptable para el desenvolvimiento de las actividades de la institución también fijado por la máxima autoridad.
La naturaleza “integral” del proceso obedece a una serie de factores entre los que se destacan:
Ÿ La secuencia concatenada de tareas, desde la identificación de los riesgos, hasta la medición, mitigación y monitoreo, círculo virtuoso que asegura que luego de sucesivos ciclos efectivos se logre ubicar a los factores de riesgos en niveles aceptables para la organización, así como también capturar situaciones nuevas que merezcan ser analizadas (por ej.: lanzamiento de nuevos productos);
Ÿ La necesaria evaluación de todos los procesos que reflejan la operatoria del Banco, desde el frente de negocios y el back office, hasta los servicios de apoyo; y
Ÿ La permanente difusión y comunicación a lo largo y ancho de la organización que permita el acabado entendimiento y asegure el necesario compromiso de todas las partes de acuerdo con sus responsabilidades.




Bancos Centrales


Mucho se debate sobre la importancia de que los bancos centrales cuenten con capital ya que, en el límite, tienen capacidad para “financiarse” emitiendo moneda aún si tuvieran patrimonio neto negativo. Sin embargo, es sabido que bancos centrales con posiciones patrimoniales frágiles están en condiciones más débiles para alcanzar sus objetivos y absorber pérdidas que deriven, por ejemplo, de situaciones de inestabilidad financiera o de operaciones cuyo fin sea la estabilidad monetaria.
Por esa razón, al igual que en el resto de las instituciones financieras, la administración de riesgos en Banca Central es fundamental ya que preserva su nivel de capital potenciando su capacidad de gestión. Asimismo, las herramientas de gestión de riesgo incrementan la credibilidad de los Bancos Centrales, predicando con el ejemplo, cuando en su rol de supervisores bancarios incentivan el uso de tales prácticas por parte de los bancos. Por esa razón, es de esperar que de manera creciente los Bancos Centrales se aproximen a los criterios de Basilea II.
Dada la evidente interconexión entre la credibilidad que tenga el Banco Central y su eficiencia en el alcance de sus objetivos de política, el riesgo reputacional es una categoría de riesgo que merece especial atención (por ejemplo, un Banco Central con bajo nivel de reputación, difícilmente pueda transmitir tranquilidad en un contexto de crisis). Probablemente el riesgo reputacional sea el que presente más desafíos para su gestión ya que la mayoría de las veces, se considera un riesgo secundario, es decir, un riesgo derivado de otra categoría de riesgo y sus efectos son de muy compleja medición. El riesgo reputacional suele ser el emergente de una mala gestión de riesgo en otras disciplinas y para su gestión normalmente se necesitan no solo robustos códigos de ética, sino también herramientas evolucionadas de comunicación al público, es decir, transparencia (cumplir o explicar…).




Transparencia y Rendición de Cuentas


La transparencia es un elemento esencial para el buen funcionamiento del gobierno corporativo de las instituciones bancarias ya que de ella se valen los accionistas para el control de las mismas y otros terceros interesados para sus decisiones de inversión. Si bien se ha avanzado mucho acerca del fomento de mercados transparentes, por ejemplo a través de las prescripciones contenidas en el Pilar III “Disciplina de Mercado” del Nuevo Acuerdo de Capitales conocido como Basilea II, la sofisticación de los instrumentos financieros (por ejemplo la valuación de los activos de crédito securitizados vía la aplicación de modelos matemáticos muy especializados) está generando crecientes demandas a favor de mayor transparencia en los reportes.
No obstante, en tanto se busca consenso acerca de determinadas enmiendas que puedan eventualmente introducirse en el futuro cercano, y se implementen las normas internacionales de información financiera (que aportan un lenguaje común de entendimiento para el análisis patrimonial de las empresas), ya es claro que cierta información mínima es insustituible para el público en general. Tal es el caso de:
Ø Estructura de los directorios, estatutos, competencias de sus miembros, criterios de independencia, asignación de responsabilidades.
Ø Estructura de propiedad (accionistas mayoritarios, distribución de votos, participación de los principales accionistas en el directorio y en la conducción diaria de la institución).
Ø Objetivos Institucionales. En caso de bancos públicos también el rol que desempeña el Estado en el proceso de toma de decisiones y mediante qué mecanismos
[1].
Ø Diseño organizacional (organigrama, unidades de negocio, filiales, comités).
Ø Estructura de incentivos (políticas de remuneración –para el personal y para los consejeros y directivos-, beneficios, opciones sobre acciones de la compañía).
Ø Código de ética.
Ø Estados Financieros.
Ø Características de los Productos y Servicios Ofrecidos.
[1] Cuando el Banco es público es recomendada la revelación, de existir, de políticas de seguro social y las consecuencias financieras de las mismas. Ello debido a que puede existir la sensación de que los bancos públicos tienen un “seguro adicional” y, en consecuencia, existan incentivos para relajar los criterios de administración de riesgo, sin brindar la adecuada información a los depositantes (terceros interesados, además del accionista gubernamental).



Bancos Centrales


En la promoción de la disciplina de Mercado y mayor transparencia, los Bancos Centrales, en su calidad de autoridades monetarias, tienen doble rol: implementar acciones promoviendo el mayor entendimiento del público acerca de la dinámica operativa bancaria y poner en práctica mecanismos de reporte que faciliten el seguimiento del efecto de las decisiones tomadas en el cumplimiento de sus misiones y funciones.
Tal vez la primera, referida a la difusión de información acerca de la actividad bancaria sea la más conocida, debido a que alcanza a un público amplio que cubre tanto a los actuales clientes bancarios como también a los “futuros clientes”. En tal sentido, es frecuente encontrar planes impulsados por Bancos Centrales dirigidos al público en general, comenzando incluso con el público infantil. Estos programas parten de niveles de formación básicos como charlas en escuelas, actividades de los museos especializados (generalmente numismáticos e históricos), publicaciones en diarios de gran circulación, hasta niveles intermedios como, por ejemplo, el impulso de concursos sobre aspectos técnicos dirigidos a estudiantes secundarios, para finalizar con el máximo nivel académico con la organización de seminarios internacionales y ediciones de investigaciones económicas, informes de inflación o los conocidos como “de estabilidad financiera”. Por su parte, la implementación de los denominados regímenes de transparencia (que revelan las condiciones financieras ofrecidas por cada banco para pactar sus operaciones) o el desarrollo de portales de Internet específicos dedicados a recibir y aclarar dudas del público bancario, se alistan en igual objetivo: brindar información, hacer que el proceso de toma de decisiones del público repose en datos confiables y, en consecuencia, sea más eficiente.
Sin embargo, la difusión acerca de la rendición de cuentas de los bancos centrales ofrece ángulos notablemente más espinosos y de difícil acceso. Dado que el principal objetivo de un Banco Central (en términos generales) no es maximizar sus utilidades como cualquier empresa con fines comerciales, su desempeño no necesariamente puede ser medido desde la observación aislada de sus estados financieros.
Su principal rol es mantener el valor de la moneda, y en la búsqueda de tal objetivo, sus operaciones pueden generar ganancias o pérdidas. En este último caso, (por ejemplo, haciendo operaciones de esterilización monetaria para ajustar la oferta a niveles coherentes con la demanda de la economía) es muy importante que el fenómeno sea entendido adecuadamente por parte de los terceros involucrados. De lo contrario, podría existir cierta tensión, tanto desde el entorno político como del público en general.
Aún cuando los Bancos Centrales no tienen objetivos de maximización de ganancias y el financiamiento de sus gastos no depende de fondos públicos (por su capacidad de emitir deuda bajo la forma de dinero circulante), existe un legítimo y creciente interés por la rendición de cuentas de los mismos, al igual que sobre otras instituciones públicas, dada las responsabilidades públicas que le son asignadas. Sin embargo, son sus particularidades las que hacen tan difícil evaluar tales cuentas, sin considerar simultáneamente información adicional acerca su desempeño en el alcance de los objetivos de política encomendados legalmente.
Con tal fin, es necesario impulsar mecanismos alternativos que complementen los esquemas de reporte financiero tradicionales desarrollando una aproximación holística. El análisis aislado de los estados financieros ilustra sólo parcialmente acerca del desempeño de un Banco Central. Paradójicamente, es perfectamente posible que un Banco Central arroje pérdidas y al mismo tiempo esté cumpliendo su objetivo de estabilidad de precios o estabilidad del sistema financiero siendo las operaciones que le permitieron el alcance de tales objetivos las que, justamente originaron el registro contable de tales pérdidas.
Por tales razones, resulta crucial desarrollar mecanismos de rendición de cuentas que permitan el análisis de toda la información relacionada así como también el diseño de indicadores más efectivos e inequívocos para evaluar adecuadamente la gestión de los Bancos Centrales y el desempeño de sus autoridades.




Conclusiones


Las mejores prácticas en gobierno corporativo en la industria bancaria son muy relevantes dada la relación fiduciaria entre los bancos y sus clientes, y la existencia aún de información asimétrica y desigual entendimiento de las operaciones por parte de depositantes, prestadores y reguladores.
Considerando el rol de intermediación financiera de los bancos, los depositantes corren los riesgos que los bancos “asumen” en su gestión crediticia; por esa razón, la actuación de los reguladores introduciendo normas de carácter prudencial es clave.
Adicionalmente, dificultades en el funcionamiento de algún banco pueden generar interrupciones (en la cadena de pagos, en el funcionamiento del crédito) que afecten a la estabilidad de todo el sistema.
En consecuencia, para salvaguardar el buen funcionamiento de las instituciones y proteger los intereses de todas las partes involucradas, es indispensable contar con estructuras robustas de gobierno corporativo que promuevan el comportamiento ético. Las mismas constituyen una precondición para el funcionamiento fluido y seguro de toda la arquitectura financiera y sientan las bases para la generación de sistemas financieros más estables en los cuales los procesos de toma de decisiones puedan llevarse a cabo en un contexto transparente y, en consecuencia, más eficiente.




Documentos Referenciales


- Bolzico Javier, Mascaró Yira, and Granata Paola, “Practical Guidelines for Effective Bank Resolution”, World Bank, 2007.
- Braessas Homero y Naughton Alejandra, “La Realidad Financiera del Banco Central”, Editorial Belgrano, 1997.
- Centro para la Estabilidad Financiera, Nota de Política Nro. 6 “El Gobierno Corporativo de los Bancos en Argentina”, 2006.
- Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, “Convergencia internacional de medidas y normas de capital - Marco revisado”, Banco de Pagos Internacionales, 2006.
- Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, “Fit and Proper Principles”, Bank of International Settlements, 1999.
- Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, “La mejora del gobierno corporativo en organizaciones bancarias”, Banco de Pagos Internacionales, 2006.
- Lybek Tonny and Morris Joanne, “Central Bank Governance: A Survey of Boards and Management”, IMF Working Paper, 2004.
- Naughton Alejandra, “Crisis Financiera Internacional. Desafíos para los Bancos Centrales”, publicado en el Cronista Comercial, 19/10/2007.
- Naughton Alejandra, “Gobierno Corporativo. Una Aproximación a la problemática de la Banca Central”, Tomo I, XXI Asamblea Nacional de Graduados en Ciencias Económicas, Ampliación de horizontes de la actuación profesional, Librería Editorial Osmar Buyatti, 2005.OECD, “Principles of Corporate Governance”, 2004.




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