miércoles, 10 de septiembre de 2008

Bancos: la disciplina de administración de riesgos está bajo escrutinio

Los riesgos de las entidades financieras ya no pueden administrarse de manera fragmentada. En los últimos años, la industria bancaria ha aprendido, en algunos casos de manera traumática, que la línea divisoria entre riesgo crediticio y de mercado no es tan nítida, y que el riesgo de liquidez está a la vuelta de la esquina aún si se trata de vender activos calificados con “AAA”.

Tradicionalmente, en los balances de los bancos pueden identificarse dos grupos claros de activos. Las carteras de préstamos, que por su naturaleza reciben el tratamiento propio de riesgo crediticio y una valuación contable acorde con la evolución del flujo de fondos y sus revisiones periódicas de recuperabilidad y, el portafolio de instrumentos financieros transables salvaguardados por los análisis de riesgo de mercado y expuestos a su volatilidad.Con préstamos “securitizados”, nuevos activos bancarios se constituyen en un híbrido cuya gestión de riesgo es difícil de asignar. ¿Son todavía préstamos objeto de revisiones de riesgo crediticio, o instrumentos financieros objeto de revisiones de riesgo de mercado? ¿Alcanza con determinar cuál es el nivel de pérdidas tolerable y resolver vender las posiciones transables que lo excedan? ¿Es necesario hacer reservas de liquidez adicionales por si el mercado no es capaz de absorber tales ventas? Estas y muchas otras preguntas han surgido como novedad posterior a la saga subprime. Lo que es claro es que la aproximación a la administración de riesgos merece una revisión y que las lecciones aprendidas parecen estar confirmando la tendencia hacia una gestión de riesgos integral. Es más, la mirada integral debiera ir más allá del típico ciclo de identificación, evaluación, control, mitigación, y el seguimiento de la efectividad de todo el proceso. El ciclo, para ser virtuoso, debe incluir la identificación de los vasos comunicantes entre unas y otras categorías de riesgos. La administración integral de riesgos suele ser resistida porque es menos concreta y exige de una mirada amplia y flexible. Nos aleja de los riesgos conocidos individualmente para introducirnos en una dimensión en que la suma de ellos es todavía difícil de visualizar.

Para que ello sea posible es necesario observar el ambiente de negocios de cada banco. Es frecuente en la organización bancaria la existencia de un “plano inclinado”, tendiente a sobrevalorar los procesos asociados al frente de negocios en detrimento de los asociados al análisis de riesgos (y, ni hablar, al registro y respaldo de las operaciones). Es cuestión entonces de equilibrar fuerzas y lograr que la euforia por cerrar operaciones o retener clientes no imposibilite que el proceso de toma de decisiones se enriquezca con un análisis eficiente y oportuno de todos y cada uno de los riesgos involucrados preservando a los bancos y al sistema financiero en su conjunto.

PS. Este artículo fue publicado en El Cronista Comercial, en su edición del 10/9/2008.

1 comentario:

camilo dijo...

Está muy bueno este artículo, revolviendo en las entrañas de las organizaciones; desnudando la típica, tal vez involuntaria, pero erótica (acepción 6, 22° edición), división entre áreas glamorosas y sufribles.

La metáfora del plano inclinado es una maravilla.