lunes, 16 de marzo de 2009

Ojos que no ven, bolsillos que sienten.


Quienes venimos dedicando tiempo de reflexión a intentar entender las razones de la crisis financiera global nos estamos topando con una situación que nos cuesta digerir (honestamente, con varias, pero me voy a focalizar hoy en una): que la crisis tiene que ver con percepciones, con percepciones que han llevado a los agentes económicos a tomar decisiones que han resultado erradas. Un exceso de optimismo le imprimió velocidad a un sistema financiero global, interconectado que debemos reconocer, nos sorprendió a todos. Ni los reguladores bancarios pensaron en semejante colapso, ni los bancos en los riesgos que corrían, mucho menos los inversores en el riesgo al que exponían sus ahorros.

Todos nos fuimos convenciendo que la ola expansiva no terminaría nunca, que las ganancias se mantendrían, que los precios de los inmuebles nunca bajaría, que el crecimiento económico se sostendría, que la demanda de China era la clave, etc. etc. Durante la expansión, la euforia, el exceso de optimismo dominó. La sensación de que todo estaba bajo control llegó a convencernos de que no había riesgos latentes (o al menos así nos comportamos).

Esto último es paradójico, considerando que al mismo tiempo, toneladas de papers, conferencias, recursos, muchos recursos… se invertían para enseñarnos acerca de las bondades del estándar conocido como “Basilea II” que nos proveería de estabilidad financiera, por imperio de sus tres pilares. Esos tres pilares son: exigencia a los bancos de niveles de capitalización capaces de “amortiguar” las pérdidas que se puedan dar si los riesgos ocurrían, la existencia de una supervisión bancaria conocedora de la administración integral de riesgos y la disciplina de mercado que nos transparentaría la aproximación de la industria bancaria frente a la administración de riesgos.

En Basilea II subyace el concepto de que haríamos una selección positiva, premiando con el depósito de nuestros fondos a los bancos que más responsablemente gestionaran riesgos. Pero… como no percibimos los riesgos, fuimos partícipes de una máquina infernal de multiplicar dinero que nos anestesió haciéndonos creer que lo conocíamos todo.

Jugar a la ruleta rusa es letal. Nadie en su sano juicio juraría a la ruleta rusa. Hay una chance en seis de morir al apretar el gatillo. Una chance en seis de que pase algo con lo que no estamos dispuestos a jugar: nuestra vida. Ahora, despojando del dramatismo que imprime la comparación con la ruleta rusa, pensemos: cuando invertimos en activos financieros, pensamos que podemos perder el capital invertido???

La realidad entonces es más cruel aún que la ruleta rusa porque la chance de que algo que supere nuestro umbral de tolerancia suceda es evidente que existe. El problema es que no sabemos en qué proporción, intuímos que es muy ocasionalmente, y adicionalmente sobreestimamos nuestra capacidad para salir a tiempo.

La percepción de que la ola expansiva no se retraería, que teníamos toda la información y que todo funcionaría como un reloj, nos nubló la capacidad de ver que la burbuja estallaría y los precios debían ajustarse...hacia abajo, evaporando nuestros activos. Nuestros bolsillos, hoy, nos preguntan: cómo no se dieron cuenta???

Hace unos días, un artículo de Paul Krugman recordaba las apreciaciones públicas acerca de economías exitosas (que lucían eternas): "Las reformas han convertido a Islandia en un tigre nórdico", "Cómo hizo Irlanda para convertirse en el tigre celta", "El milagro económico estonio”, concluye su artículo que las tres naciones sufren hoy una profunda crisis y que durante un tiempo, la afluencia de capitales creó la ilusión de riqueza en esos países, tal como les creó la misma ilusión a los propietarios de viviendas estadounidenses: "el precio de los valores subía, las monedas eran fuertes y todo parecía fantástico”. Nosotros, argentinos, podemos sumarle para su colección a Krugman unos cuantos titulares acerca del éxito de los planes económicos que finalmente, tampoco pudieron ubicarnos en un sendero de crecimiento sustentable, no?

4 comentarios:

camilo dijo...

Con riesgo de revelar la edad, vuelvo al tema de que esto me suena mucho a aquella explicación de por qué los países subdesarrollados cayeron en una enorme deuda allá por los primeros ochenta: sobraban los petrodólares, el mundo estaba muy líquido y cualquier destino, nosotros entre ellos, era bueno para que esos fondos rindieran sus intereses. Recuerdo a un profesor de economía brasileño explicando qué había pasado con ese país unos años antes: salían a pedir 10, les ofrecían 100, y ellos sorprendidos decían "pero miren que somos brasileños", -no importa, no importa, les contestaban. A nosotros también.

Ahora pasó con las familias lo que hace 30 años pasó con los países, pero lamentablemente la globalización, la tecnología y tal vez mucha más codicia internacionalizada como virtud, hicieron que el efecto negativo sea realmente muy duro y, ojalá no, duradero.

Gracias Ale, muy bueno.

Ale dijo...

Gracias Camilo. Esta vez, como otras tantaas, las cosas se verán superadas.... por otras cosas... igualmente inesperadas y extrañamente familiares....
Gracias otra vez!

Amílcar Mendoza Luna dijo...

Me gustó mucho tu comentario, no sólo está bien fundamentado sino que es objetivo respecto a lo que nos sucedió y todavía sucede.

Te cuento que en Perú, nuestro Presidente hasta hace muy poco insistía en que el Perú estaba sellado herméticamente ante la crisis, que era el único que crecería en el mundo. Hasta cometió el desatino de criticar a Obama por decir la verdad a su pueblo, llamandolo pesimista.

Ahora el demagogo peruano Alan García Pérez ha tenido que admitir que la crisis será fuerte en mayo y junio y que encima no menos de 200 mil peruanos perderán su empleo en las semanas sucesivas.

Pero su sinceridad le duró poco, porque volvió a repetir que el Perú será el único país donde no habrá crisis.

http://meteoro-en-la-cumbre-alc-ue.blogspot.com/

Ale dijo...

Gracias Amilcar por tu lectura y comentario. Igual, la percepción de los políticos acerca de cuándo llegará la ola es muy arbitraria, generalmente, siguiendo sus intereses. En Argentina, se afirmó que estaba todo muy bien, nuestra presidente aludió a la crisis norteamericana como "efecto jazz". Sin embargo ahora, reconoce la crisis y la vé tan grave que.... dice que debe adelantar elecciones legislativas. ¿En qué quedamos entonces? Percepciones, alteradas.
Un abrazo a Perú, país al cual fui muchas veces por trabajo y aprendí a conocer y querer.