sábado, 25 de abril de 2009

Llao Llao, Rico Rico, Dulce Dulce.



¿Qué tienen en común la Rambla de Mar del Plata, el Banco Nación de frente a Plaza de Mayo y el Hotel Llao Llao de Bariloche? Yo diría su majestuosidad. La coincidencia no es casual ya que todos son obra del talento del mismo arquitecto: Alejandro Bustillo.

Alejandro Bustillo tenía un hermano, Exequiel Bustillo quien en los años 30 era Presidente de Parques Nacionales. Ambos fueron artífices de ese magnífico rincón de nuestro país que es el Llao Llao. Tan magnífico y potente es que se constituye en una marca sin necesidad de atribuirle algún significado. Sin embargo, lo tiene; en lengua mapuche significa "rico rico, dulce dulce" y alude a un hongo comestible que suele abrazar a los coihues de la zona. Aparentemente, los coihues se defienden del hongo cubriendo al Llao Llao y de ese modo se van fundiendo entre sí componiendo cuasi-nudos de los troncos con los que se hacen típicas artesanías en la zona.

El hotel Llao Llao fue inaugurado el 8 de enero de 1938, bajo la presidencia de Agustín Justo que, curiosidad de la época logró concluir su mandato sin interrupciones militares, o renuncias. Épocas en las que todo estaba por hacerse y lo sabían, (no como ahora que siguen estando muchas cosas por hacerse pero nos distraemos anticipando elecciones y desviándonos del espíritu de nuestra Constitución inventando candidaturas "testimoniales"...) se preocuparon por la creación de Parques Nacionales que protegieran las bellezas naturales de Argentina y atrajeran a turistas. Fue en ese contexto que un grupo de visionarios visitó la zona de Puerto Pañuelo y decidió que entre el Lago Nahuel Huapi, el Lago Moreno y con el Cerro López y Tronador vigilantes, habían encontrado el lugar exacto para lo que soñaban.

Para su construcción se derribaron nada menos que 5000 árboles. Aunque el número dé escozor, debemos reconocer que el resultado demuestra que la poda no fue un gasto, sino una inversión. Qué capacidad para "ver", la de estos hombres. La zona boscosa similar a la que todavía hoy podemos disfrutar en el Circuito Chico, devino en ondulante pradera. El bosque de antaño dió espacio para el emplazamiento del hotel y también para la cancha de golf, deporte que fue parte del proyecto desde el primer momento.




Producto de razones que no lograron nunca aclararse el 20 de octubre de 1939 a sólo dos años de haberse inaugurado, se desencadenó un fenomenal incendio. En La Nación, Manuel Mujica Lainez, Manucho, escribió incrédulo: ".. tratan en vano de convencernos que de las largas galerías de troncos, de los salones rústicos y sin embargo, tan sombríamente suntuosos, nada queda". Otra vez los bríos de los hermanos Bustillo son claves, lideran la restauración y hacen que en tiempo record, el 15 de diciembre de 1940, reabriera glorioso nuevamente sus puertas. Manucho tenía razón, era imposible que el Llao Llao se extinga.

Es hacia fines de los 70 que el hotel vuelve a ser víctima nuevamente del fuego, esta vez, el fuego depredador de la miopía administrativa, y egoísmo que deriva en falta de mantenimiento e inversión (exactamente atributos contrapuestos a los que impulsaban a hombres como los Bustillo). Es así, que sin poder encontrar rumbo cierra sus puertas, por mas de diez años, hasta el año 1993. Es en ese período que, quienes nacimos en los sesenta, visitamos como viaje de egresados Bariloche. Cómo olvidarlo. También quienes elegíamos sistemáticamente ese lugar, el Llao Llao, para sacarnos la foto que imprimiría para siempre nuestra imborrable ilusión de los 18 años. La pradera. Los lagos. Los cerros. No había mejor punto. Hacia el fondo, el coloso nos miraba, imponente. No debíamos acercarnos, ya que a menor distancia, podíamos detectar los signos del deterioro, y por qué no decirlo, del saqueo al que se vió expuesto por el abandono. Nosotros, correteábamos, a discreta distancia. Debo reconocer que a mí el lugar y los juegos en el cesped me remitían a las imágenes de "La Novicia Rebelde"...

Hoy, ya grandes, y con los recuerdos de la adolescencia intactos, podemos afortunadamente acercarnos al coloso. Y es una excelente noticia para quienes admiramos nuestra variada geografía argentina y el buen vivir. Manucho destacaba en su columna las galerías, y tenía razón. Esas galerías, enormes, son una fiesta para los ojos. ¿Qué decir de las salas de lectura o juego y sus enormes ventanales? Los ventanales... es muy difícil, por no decir imposible, encontrar uno que no nos devuelva un paisaje que no nos sorprenda por su perfección. Sus hogares a leña, el porte de sus muebles, su jardín de invierno desde donde se divisa el verde hasta llegar al celeste del lago. Recientemente se ha inaugurado el ala Moreno, con nuevas habitaciones, nuevo restaurant, nuevo acceso. Todavía no está muy visitada, por lo que a las bondades del paisaje, se le suma la magia de lo minimalista. El deck que da a la pequeña playa al lago es una invitación al buen vivir. ¿una copita de vino, una picadita de ahumados, té, café, chocolates, tal vez?

Su spa es un capítulo aparte. Reconocido internacionalmente, imposible no relajarse en las aguas tibias de la piscina que se acerca hacia el desnivel del cerro haciendo una trampa al ojo (tromp d'oeil)confundiendo la línea de sus aguas con las del lago. Si a eso le sumamos una sesión de masajes con piedras calientes o con rosa mosqueta (otra curiosidad de la zona que dá para otro post...), ¿qué más le podemos pedir al Llao Llao?.





Llao Llao, lugar en el que confluyen la invitación al hedonismo, la belleza de nuestra Patagonia y nuestra historia. Todo, Rico Rico, Dulce Dulce (hago caso omiso de algunas muecas de la historia).

Dos últimas curiosidades (no puedo con mi genio, son de finanzas). Su construcción fue financiada mediante la emisión de títulos públicos en la gestión del Ministro Pinedo. Su diseño fue adjudicado a Alejandro Bustillo por concurso público, quien, como era hermano de uno de los miembros del jurado (Exequiel), anticipó antes de participar que, de resultar adjudicado iba a renunciar al cobro de sus honorarios para evitar cualquier sospecha. No cobró...eran otras épocas...

PS. La fotografía de la vista panorámica de la península pertenece a Julio Siri y la de la piscina en el spa de Julio Pando. Ambos, sin saberlo y de esta manera, colaboraron con el post. Gracias!!!

3 comentarios:

Mercedes Angela dijo...

Mé encantó tu comentario como siempre muy claro. Besos.

Renata dijo...

yo vi por primera vez el Llao Llao en mi excursion de mi viaje de egresados en Bariloche, pero un par de años despues fui con mi novio, y recien ahi pude apreciar su hermosura y darme cuenta que es un lugar unico..todavia no puedo creer que como no me pude dar cuenta de eso cuando era mas chica jaja

Alejandra Naughton dijo...

Gracias Renata por comentar el post! Y...nunca es tarde para dimensionar una belleza semejante como es el Llao Llao! Feliz 2013!