sábado, 30 de mayo de 2009

Bill Clinton y su error de amante inconcluso.




Estoy convencida que muchos conflictos podrían evitarse si pudiéramos ser capaces de pensar un segundo antes de decir sencillamente lo que se nos cruza por la cabeza. También si pudiéramos poner prudente freno a las preguntas cuyas respuestas nos sentimos con derecho a exigir.

A veces el alivio que sentimos cuando decimos algo, no es otra cosa que la transferencia de algo que nos pesa en nuestros hombros a los hombros de otros. En otros casos, las palabras que queremos escuchar para aliviarnos, sin importar cómo lograr arrancarlas de la esfera más íntima de alguien, nos sirven para tener a alguien a quien culpar. Sé que estas afirmaciones pueden ser interpretadas como incorrectas ya que se suele exaltar la verbalización de la “verdad”, como si fuera inequívoca e idéntica tanto para quienes las decimos como para quienes las escuchamos.

El 24 de marzo de 2009 Rolando Hanglin escribió una columna en La Nación que se llamaba “Esa Maldita Verdad” en la que decía por allí que “Callar es bueno”. También relataba una tradición hebrea por la cual un rabino aconsejaba antes de hablar hacerse tres preguntas: ¿es necesario? ¿es verdad? ¿harás sufrir a alguien?. Concluye Rolando que en honor a la compasión, el amor, la discreción, la prudencia, el respeto, la recta intención, “se debe mentir, a veces”.

Recuerdo que cuando la leí, inmediatamente me vino a la memoria una hermosa nota que había disfrutado hace mucho tiempo escrita por Gabriel García Marquez, acerca de Bill Clinton, post affaire con la becaria en el Salón Oval. Me quedé con ganas de buscarlo y pensé que de haber tenido blog en esa época (1999) seguramente hubiera sentido la necesidad de escribir sobre el tema, ya que fue un proceso impactante…. Y acá estoy…

Su nombre es “La Fatiga del Metal” (alude a la destrucción de los aviones luego de intenso uso), publicado el 24 de Enero de 1999 en el diario El País. Estoy segura que algún diario argentino lo reeditó, fue en Clarín (o La Nación) que lo leí y todavía recuerdo el impacto que me provocó la primer lectura.

La pluma de Gabo es impecable. Denota un enorme respeto y admiración hacia Bill Clinton. Así lo describe: “Tenía el cabello cortado como un cepillo, la piel curtida y la salud casi insolente de un marinero en tierra, y llevaba una sudadera pueril con un crucigrama estampado en el pecho. Era, a sus cuarenta y nueve años, un sobreviviente glorioso de la generación del 68, que había fumado marihuana, cantaba de memoria a los Beatles y protestaba en las calles contra la guerra de Vietnam”. Dedica luego dos extensos párrafos para contarnos un rico, variado e insospechado diálogo literario mantenido también con Carlos Fuentes.

Bien fundado el atractivo de Bill Clinton, el artículo avanza para expresar una categórica indignación (y también, hay que reconocer, cierto enojo con el propio Bill Clinton) por el ridículo escrutinio al que se vió sometido por un hecho que debió mantenerse protegido y guardado en el ámbito de su más estricta intimidad. Aquel episodio que Bill Clinton, tratara de explicar en sólo 23 segundos: “I did not have sexual relations with that woman, Miss Lewinsky, I'd never told anybody to lye, not a single time, never. These allegations are false, and I need to go back to work for the American people” (“Yo no he tenido relaciones sexuales con esa mujer, la Señorita Lewinsky, nunca le he pedido a nadie que mienta. Nunca. Estas acusaciones son falsas, y necesito volver a trabajar para el pueblo americano”). Sólo 23 segundos, que fueron seguidos por días y días de sesiones, toneladas de documentos e insólitos y morbosos cuestionarios acerca de qué es y qué no es una relación sexual.


Gabo remata preguntando en un párrafo de una sola oración: ¿sería justo que este raro ejemplar de la especie humana (por Bill) tuviera que malversar su destino histórico sólo porque no encontró un rincón seguro donde hacer el amor?

Dice: “Perfecto: una cosa es mentir para engañar y otra bien distinta es ocultar verdades para preservar esa instancia mítica del ser humano que es su vida privada. Con todo derecho: nadie está obligado a declarar contra sí mismo. De haber persistido en la negativa inicial, a Clinton lo habrían procesado de todos modos -pues de eso se trataba- pero es mucho más digno ser perjuro en defensa del fuero interno que ser absuelto contra el amor. Por desgracia, con la misma determinación con que negó la culpa la admitió más tarde, y siguió admitiéndola por todos los medios impresos, visuales y hablados hasta la humillación. Error mortal de un amante inconcluso cuya vida secreta no pasará a la historia por haber hecho mal el amor sino por haberlo vuelto todavía menos eterno de lo que suele ser”.

La reflexión de García Marquez es contundente cuando destaca que, cuanto más decía Bill Clinton en el famoso proceso de impeachment al que lo sometieron, más motivos encontraban contra él sus confabulados inquisidores que, antes del inicio del juicio, ya tenían decidida la sentencia: debían remover a una personalidad que por grandiosa, resultaba perturbadora para el pacato entorno político republicano (y no exactamente por el affaire…). ¿Para qué hablar entonces? ¿A quién le importaba entender su verdad? Era evidente que todos percibían verdades distintas, tenían objetivos distintos.

Así de complejos son los vínculos. En honor a ellos, y por la protección a los tesoros que nos prodigan, coincido con Rolando y el Rabino y Gabo (tal vez ahora, Bill coincida con nosotros...). Aunque suene incorrecto: no siempre expresar la “verdad” es un proceso sanador. A veces lo es más un irrenunciable silencio.

PS. El texto completo de Gabo pueden encontrarlo en: http://www.sololiteratura.com/ggm/marquezlafatiga.html, el de Rolando en: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1111572&pid=6088577&toi=6275

4 comentarios:

julio dijo...

Otra vez lo hiciste Ale, muy buena nota. Como decía en fb, lo que hicieron con Clinton demostró una vez más que la inteligencia humana tiene límite, pero la estolidez es infinita.

Ale dijo...

Gracias por pasar también por acá. Facebook se queda con muy buenos comentarios...pero vos.. te tomaste el tiempo de pasar también por blogger y dejar tu testimoniio. Gracias por el aguante, como siempre!!! Beso!

María Florencia dijo...

Uf... Ale, again!
Muy buen post, como diría ME "Nada mas valioso que el ultimo silencio".
Es a veces imperiosa la necesidad de saber, pero el daño no compensa... el derecho a exigir, es más que nada la excusa para validar lo que uno cree, correr el velo que uno puede correr solito, a veces no hacen falta tantas verdades, no?
Gracias Ale!!!

Ale dijo...

Claro... ese es el punto, es más lo que se invierte en la lucha, que lo se obtiene como resultado. Un disparate. Lo importante es la convicción, personal,íntima. No debiera ser tan importante la resonancia.