martes, 21 de julio de 2009

Dos voces prodigiosas. Dos interpretaciones imprescindibles. Algo en común.






En estos días en los que me rodeó, como a todos, la muerte de Michael Jackson estuve pensando en lo importante que es esforzarse y separar la condición artística de la condición humana de las personas excepcionales como él. Debo reconocer: no he sido fan de Michael Jackson, por lo que su muerte me trae más a la memoria su vida torcida por la fama, obstinada por ir en contra de las evidencias, sospechada de abusos, que su contribución a la música pop.

Sin embargo, es evidente que personas como Jackson eclipsan con su arte las miserias humanas (o glorias, lo mismo dá). Sólo depende de nuestra sensibilidad. Repasando talentos musicales mi mente me llevó a dos excepcionales intérpretes: Frank Sinatra y Edith Piaf. Si los despojamos de su arte, podríamos simplificar burdamente: de Frank Sinatra, se dice que era mafioso, de Edith Piaf que era morfina-dependiente. Ambos cantaron en el icónico Moulin Rouge de París.

Frank Sinatra vivió entre 1915 y 1998. En su polémica vida confluyen escándalos, infidelidades, celos, peleas, intentos de suicidio. Su apasionada historia con Ava Gardner da cuenta de ello. Su relación con la mafia lo ha llevado a juicios y eventos públicos que luego darían inspiración a escenas del renombrado El Padrino, de Mario Puzo e inmortalizada en la película de Francis Ford Coppola. Admiración y desaveniencias lo unen a la familia Kennedy. Pero… ¿Alguien recuerda algo de todo esto cuando su voz se eleva cantando de manera impecable “My Way” (canción de 1969)?

También en 1915 nace el Gorrión de París, Edith Piaf, quien fallece mucho más joven, en 1963. Desafortunada desde su nacimiento, con solo 17 años tiene una hija que fallece de meningitis a los 2 años. Cuando joven parecía comenzar a torcer su destino dando sus primeros pasos como cantante, pero el asesinato de su representante, la puso en medio de un escándalo que la expulsó nuevamente a la miseria. Su inigualable voz le dá nueva oportunidades y con ellas, el éxito internacional. El éxito viene acompañado de amores, y tragedias. El amor de su vida, el boxeador Marcel Cerdan murió en un accidente aéreo en 1948 en un vuelo de París a Nueva York, en ruta hacia sus brazos. Todo parece trastocarse con el accidente. A partir de entonces, sólo la morfina le permite sobrellevar tanto dolor. ¿Puede alguien siquiera intuir tanto infortunio cuando escuchamos, “non, je ne regrette rien…” (canción de 1960)?




Cerremos los ojos, repasemos a Frank: “Estoy mirando atrás, y puedo ver mi vida entera, y se que estoy en paz, pues la viví a mi manera”(…), “pero al final, cuando hubo duda, me lo tragué todo y luego lo dije sin miedo, lo enfrenté todo y estuve orgulloso, lo hice a mi manera”. Edith, del otro lado del océano, contesta: “No… nada de nada, no lamento nada, ni el bien que me han hecho, ni el mal, todo eso me da igual (…) con mis recuerdos he encendido el fuego, mis penas, mis placeres… (…) no… nada de nada, No… no lamento nada… porque mi vida, porque mis alegrías, hoy comienzan contigo...”


Singularmente, ambas voces, ambas interpretaciones tienen algo en común: exhaltan con su arte, a la condición humana y la reivindican con convicción, a pesar de todo.

4 comentarios:

Sebas dijo...

Estimada Alejandra.
Después de leer el artículo, pensé en otros artistas famosos y su entorno, como si buscara una luz de esperanza, un ejemplo motivador y de aliento en “contra cara” a la miseria humana estimulada por el éxito, la fama y la codicia como la de estos protagonistas que mencionas y que no podemos negar que fueron grandes artistas; en ese momento recordé la fundación JOSEP CARRERAS (fundada el 14 de julio de 1988 por iniciativa del tenor Josep Carrearas) y la fundación ALAS (América Latina en acción solidaria, liderada por artistas fundada el 12 de Diciembre del 2006) ambas con la misma convicción “salvar vidas”.
Lo bueno es poder reflexionar, ¿desde nuestra situación que aportamos día a día para que nuestra condición humana prospere?.... cada uno buscará la respuesta en su interior. Gracias por dejarme participar, muy bueno el blog. Saludos.

Ale dijo...

Gracias Sebas. Un gusto que hayas pasado por el blog. Encantada que el post te haya movilizado. Te espero en otros!

Rosa aka Yaz dijo...

Excelente nota, Alejandra! Yo no conozco mucho de Edith Piaf ni Frank Sinatra, mas bien soy de los tiempos de Michael Jackson para acá y coincido contigo en que hay que diferenciar al artista del ser humano "real". Quizás deberíamos respetar más su intimidad, pero sabemos que en este mundo, el escándalo vende, no tanto el escándalo de Juan del Pueblo sino de los famosos, a pesar de que son tan humanos como los Juan del Pueblo. La vida personal de Michael Jackson fue bien lamentable, en varios aspectos, algunos tristes, otros confusos, pero éstos últimos... a quién importa cuando lo escucha o lo ve bailar... El arte es arte. Yo lo admiraba por su faceta artística, su vida personal era suya.

Intento seguirte desde mi lector RSS pero no me lo permite, como si no tuvieras feed a pesar de que tienes el widget de blog para suscribirse.

Te sigo desde PTB... eres el primer blog que visito y comento. Saluditos desde Puerto Rico.

Rosa

Ale dijo...

Rosa, gracias por visitar el blog! Muy interesante tu comentario. Coincidimos en la distinción entre la vida artística y la vida personal. Pero, a veces, el bombardeo mediático lo hace tan difícil!!
Voy a revisar lo que me comentás de RSS, pude haber yo, seguramente, haber cometido algún error. Gracias también por eso!