lunes, 28 de junio de 2010

Berlín (finale)

(Continuación del post denominado "Berlín")

Día 5:

Creemos que es un hobbit o un duende. Está quietito detrás de un carrito en el quinto piso del hotel donde nos alojamos, casi en frente a nuestra habitación. Cada vez que pasamos nos regala chocolates o jugo de manzana. Julio intenta darle una propina. Él sonriente le agradece. Julio insiste. Es entonces cuando el anciano se le acerca y le da un abrazo diciendo algo en alemán/inglés. “No Sir… it ‘s my pleasure” (No señor es un gusto para mí). Es muy tierno. Parece cuidarnos.

Hoy fuimos a Alexanderplatz, en la Berlín del Este, donde domina el panorama la antena gigante de transmisión de televisión. El edificio más alto que, cerca de su cúspide tiene una esfera metálica que alberga un mirador/restaurant. Con los días aprendo que estemos donde estemos en Berlín, siempre se ve la curiosa antena con la esfera dorada.

En la Plaza, cruzando por debajo la estación de tren, existe un museo al aire libre con documentos testimoniales y relatos de la resistencia pacífica del pueblo de Berlín del Este y los sucesos políticos que desencadenaron la reunificación. Es muy emotivo. Por momentos, unos parlantes se activan y dejan escuchar el sonido de las protestas de entonces. La plaza, que había sido pensada por el gobierno a exaltar la gloria comunista se convirtió en el epicentro de las protestas opositoras. Ya nada queda de esa época. Al austero panorama de entonces, lo reemplazan numerosas tiendas comerciales y un intenso tránsito.

De los enfrentamientos entre Alemania del Este y del Oeste, retrocedemos unos años y nos dirigimos a los enfrentamientos entre el Nacional Socialismo y el pueblo judío. Así de apasionante es Berlín. Cuando veo hoy al pueblo alemán, tan entusiasta, relajado –a pensar del Euro…-, mirando el futuro no puedo evitar re-pensar los conflictos desde otra perspectiva. No desde la perspectiva europea e incluso universal que encarnaron, sino desde la perspectiva sólo de Alemania. Los que se enfrentaron sucesivamente (judíos-gentiles-orientales-occidentales) fueron todos alemanes. Fueron los antepasados de los alemanes que hoy construyen con visión común, sin importar las divisiones del pasado, a este país tan pujante. Seguramente todos tuvieron que ceder un poco, seguramente aún persisten diferencias entre ellos, pero nada cambia la cultura y la convicción de construir un gran país que los incluya a todos.

Caminando nos dirigimos al “Monumento en memoria de los judíos asesinados en Europa” inaugurado en el año 2005. Nunca sentí al Holocausto tan dentro mío como en la zona del Monumento. Digo zona porque el Monumento no es “tradicional”, no intenta ser ni figurativo ni abstracto. O mejor dicho, tal vez abstracto pero no compacto. Lo constituyen 2711 piezas de cemento distribuidas en 19.073 mts2 pocos pasos de la Puerta de Brandemburgo en el corazón de Berlín. El piso es irregular, como lo son los tamaños y espesores de las piezas. Da la sensación de laberinto, asfixia (hay bloques notablemente más altos que el promedio humano, el más alto mide 4,7 mts de altura y pesa 16 toneladas aproximadamente), pero a la vez sugiere ( o me sugirió…) que todo es cuestión de perspectivas. Con solo movernos, la mirada cambia. Si uno persiste, no se deja amedrentar, no se confunde, sabe mirar más allá, resiste el esfuerzo de las subidas y bajadas, se sale.




En el subsuelo visitamos el Museo. Es muy duro pero en mi opinión tiene un valor enorme: queda absolutamente claro que el estado reconoce sus errores, sin chistar. La autocrítica es contundente. En algunas salas se cuentan sencillamente la cronología de los hechos sin disimular las atrocidades, casi diría que todo lo contario, se ocupan de que queden claras que queden bien entendidas y no se repitan. En otras salas, el foco se pone en las víctimas, historias de familias judías exterminadas. Con sencillez, se los muestra en sus tareas cotidianas, comunes. Es inimaginable para mí lo inhumano que debe ser que la vida se trastoque tanto para que de la anónima sencillez cotidiana se pase a la condición de perseguido, sujeto a exterminar. Casi no puedo escribirlo.

Siguiendo con el tono testimonial, el Museo tiene una sala en la que se proyectan en las cuatro paredes los nombres de víctimas mientras una voz en off relata sus pequeñas biografías reconstruidas en trabajos de investigación en base a los archivos de los campos de concentración. Escucho la de Losif Bachower y Clara Hirsch. Dos entre 6 millones de víctimas.

Mejor cambiemos de tema, necesito desorientar a la angustia.

Hoy viajamos en colectivo. Un lujo. Algunos datos: el pasaje sale cerca de 2 euros, el pase diario 6,1 euros. Están impecables, lucen como si fueran flamantes. El conductor tiene un circuito cerrado de televisión que le transmite todo lo que hacen sus pasajeros (ya sea en sus dos pisos o en sus dos vagones/cuerpos). Al detenerse, acciona un mecanismo por el cual el colectivo se inclina hacia la parada, para que puedan subir más cómodos, sin ni siquiera levantar las piernas (ni hablar lo que significa esto para la población mayor que es enorme). El conductor conduce, controla el monitor y vende/controla los boletos. Hace todo pero no simultáneamente. Si está vendiendo boletos, el colectivo se mantiene estacionado. Si conduce, no está atendiendo a los pasajeros. Una cosa por vez. Finalmente: en cada parada (separadas entre sí por distancias mayores a las porteñas) hay una suerte de cartel electrónico donde se anuncia qué línea pasa, hacia qué dirección y cuánto falta para que llegue. El cálculo de tiempo lo actualiza dependiendo del tránsito. ¿Pueden creer semejante perfección??

Para terminar el capítulo tránsito no quiero dejar de transmitirles que… en Berlín las bici-sendas funcionan! Y cómo! Es admirable cómo conviven en absoluto respeto, peatones, ciclistas y conductores de vehículos. Todos saben por dónde ir y cómo gentilmente ir cediéndose mutuamente el paso. Las bicicletas, me animo a decir, son el medio de transporte preferido de los berlineses. No hay calle, avenida, parque ni horario del día donde no se los vea. Notable.

Cenamos en el boulevard Under den Linden, en un restaurant de comida típica, en la vereda. La noche está hermosa. Derrama placer observar cómo valoran los alemanes el buen tiempo que ofrece el verano. Los restaurants ofrecen todos mesitas a la calle, decoradas con velitas y, por si refrescara de golpe, tienen calentadores/estufas y… mantas a disposición de los clientes. Aunque con un poco de frío, claramente prefieren el disfrute al aire libre… Yo también!

Día 6:

Austang no es el nombre de una estación de subte… es el cartel que indica “salida”. Hoy viajamos en subte… y no fue tan fácil como ayer, tal como pueden deducir de mi torpe interpretación de la palabra “Austang”. Sin palabras… Igual, luego de algunos titubeos llegamos a la galería del lado este. La East Side Gallery se ha convertido en una muestra de excelente arte callejero (street art) nada menos que sobre una franja de 1300 metros de muro histórico que se mantiene intacto (recordemos que fue eufóricamente removido por la gente con la unificación).



Las obras de la East Side Gallery son mundialmente reconocidas para los seguidores del street art. Ha confluido allí, el muro con su fuerza simbólica y los aires de libertad que por la época que se comenzó a pintar reinaba (y lograron hacer perdurar gracias a las expresiones artísticas). Celebran la libertad por encima de la cuestión local o… utilizan a la cuestión local para plantear el tema universal de la libertad individual. Es muy difícil elegir entre tantas obras brillantes. Me quedo con: 1) la gráfica de Mijail Korvachov conduciendo decidido un coche cuyo volante irradia en su interior en lugar de los elementos conocidos en un volante típico, el símbolo de la hoz y el martillo orientadas patas para abajo, 2) la que muestra montones de pies en contraste sobre placas rectangulares, a veces dentro, a veces fuera, caminando… no hay camino, se hace camino al andar…. 3) la que invita a mirar siempre al infinito por encima de la pared totalmente pintada de rojo con apenas algunos pequeños círculos alineados que sugieren que detrás hay algo “celeste” (agua?, cielo?) y que, en algunos casos, desencadena grietas y 4) la que muestra una marea humana que se agolpan y fluye a poco que cede el muro.

Hace calor. El verano europeo no se insinúa. Está. Vamos al Sony Center. El Sony Center es un complejo super moderno que funciona como punto de convocatoria en Potsdamer Platz. Justamente ese lugar fue algo así como tierra de nadie, estaba entre los muros. En la práctica el Muro de Berlín no era UN muro sino DOS, era una franja y esta que quedó en el centro de la ciudad era enorme. Durante los 90 se realizó un concurso de arquitectura para resolver qué hacer con un lugar tan grande emplazado en una zona tan privilegiada de una capital europea y… el resultado está a la vista, fantástico. La apertura del Sony Center logró su conformación final. Es que en el complejo del Sony se integran a edificios modernos que comenzaron de cero o a otros que emergieron conservando antiguas construcciones generando un patio interior enorme, versátil con un diseño muy moderno que aparenta ser una formidable carpa sostenida por tensores que dan la sensación de elevación y liviandad en la que sus paneles vidriados privilegian la luz natural que cuando se retira, es gradualmente reemplazada por luces que van cambiando secuencialmente de color. Alberga en su interior, al Filmuseum Berlín (Museo del Cine) y justo enfrente la célebre sala donde se exhiben y finalmente se eligen, año a año las películas galardonadas con los famosos Osos de Oro y Plata del Festival de Cine de Berlín, “The Berlinane”. La sala que más me gustó del museo es la central, dedicada a la gran Marlene Dietrich. Luego, las alturas visionarias de Metrópolis, de Fritz Lang.


Día 7:

Como típico último día, hacemos un racconto de lo que todavía no vimos, lo que no querríamos perder, lo que queremos comprar y lo que nos costará concretar nuestros planes dado que al mismo tiempo, estamos fulminados y debemos ir preparándonos para el regreso.

Arrancamos por KaDeWe, la tienda departamental de identidad alemana. Hasta el sexto piso nada distinto a las Lafayette, o Harrods de este mundo, pero el sexto piso…un piso dedicado a delicatessen. Todo lo que puedan imaginar de la cocina gourmet, estaba allí. Hicimos alguna selección muy acotada (si no, quién arrastrará la valija???).

Luego volvimos a Under den Linden y a la Gendarmenmarkt. Qué lindo lugar. Es sábado, y al movimiento habitual se le agrega la música clásica. Cuerdas en vivo, al lado del monumento central. Sol. Hay tanta calma.

La diseñadora alemana que me gustó (y mencioné en el post anterior) se llama Annette Gortz. Volví…compré un saquito básico, clarito. Me gusta imaginar que cada vez que me pongo una prenda comprada en un viaje tan lindo, vuelvo de alguna manera a ese lugar.

Para terminar a toda orquesta, hacemos un recorrido en barco por el Río Spree. Otro ángulo para los mismos fabulosos monumentos (los antiguos, los recientes) y los espacios vacíos que todavía quedan. En el recorrido son protagonistas la Catedral de Berlín con su cúpula espectacular y el cuerpo arquitectónico que conforman los edificios gubernamentales (incluido el parlamento sobre el cual les conté hace unos días en el post anterior). Estos edificios, interconectados con puentes que cruzan el río o túneles que los conectan fueron construidos luego que en 1991 se decidiera que Berlín vuelva a ser la capital de Alemania unificada (durante la división, la capital occidental fue Bonn). Y como todo, lo hicieron magníficamente: respetando el pasado, con visión de futuro y sustentable en términos de cuidado del medio ambiente.

Mientras escribo estas líneas, el avión ya cruzó el océano, pronto estaremos en casa. Dejamos atrás una Berlín que nos sorprendió. Si la vida nos volviera a traer, seguramente encontraremos más y más rasgos nuevos en sus calles. Es que, si algo aprendimos es que esta ciudad no se detiene, ciertas etapas de la historia lo intentaron, pero no lo lograron Esta ciudad está en continuo movimiento y las grúas, obras en construcción y sorprendentes coberturas de andamios (verdaderas trampas a los ojos –tromps l'oeil-) que dejamos, seguramente prodigarán nuevas sorpresas. Entre los vestigios de la destrucción aún presentes y los desafíos del futuro, los berlineses están comprometidos a no detenerse.

Mientras volamos, se juegan los octavos de finales de la Copa Mundial de Fútbol. Por los parlantes anunciaron que Alemania le ganó a Inglaterra 4 a 1 y que Argentina le ganó a México 3 a 1. Los cuartos de finales serán, entonces, entre Argentina y Alemania. Curioso corolario de este maravilloso viaje.

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