martes, 19 de abril de 2011

La cumbre, nuestra casa




Hace una semana se llevó a cabo en la ciudad de Mar del Plata la Convención de Banca Minorista de Banco Supervielle. Muy acertadamente los organizadores diversificaron actividades y entre gráficos y números, insertaron hábilmente: una actividad grupal con el objeto de pintar juntos muebles para ser donados a un hogar infantil y una charla del “Petiso Barragán”.

El “Petiso Barragán” no es otro que un abogado de la ciudad de Dolores (ciudad sin salida al mar…) que pasó a la historia por capitanear la Expedición Atlantis, expedición cuyo solo planteo ya rallaba en lo imposible y que sin embargo, con empeño, planificación, organización y trabajo, en equipo pudo concretar. Fue en 1984 cuando junto con un grupo de cinco argentinos (uno de los cuales no sabía nadar!!) soñaron y concretaron el proyecto de cruzar el océano Atlántico en una balsa probando que los africanos pudieron llegar a América 3000 años antes que Colón.

Nadie le creía, salió a probarlo personalmente. Juntos, se lanzaron al océano en la embarcación marina precaria, elemental: una balsa de troncos, sin motor ni timón. Desafiaron al mar, a la historia y al escepticismo general. Fue tal la satisfacción con el logro que desde entonces repite “Que el hombre sepa que el hombre puede”.

Volviendo a la convención, con su tono de voz pausado nos fue contando los desafíos que había sido capaz de superar con trabajo consecuente, apasionado, nos habló muy especialmente de la humildad. Dijo refiriéndose a otros logros como hacer cumbre del Aconcagua o el Kilimanjaro, "cuando hago cumbre, miro para abajo, porque aunque es tan alto que se interponen las nubes, uno puede mirar abajo con los recuerdos, con las emociones con el corazón”. En un momento comentó una frase de un compañero de travesía, el vasco de Mar del Plata, que hizo volar mi cabeza. Dijo: “Hacemos cumbre para volver a casa”.

“Hacemos cumbre para volver a casa”. Me remitió de inmediato a la permanente preocupación acerca de la búsqueda del equilibrio entre la vida “personal” y la “profesional”, el working balance life. Pensé que hay muchos tipos de cumbres y que nosotros también en la vida corporativa nos la pasamos tratando de hacer cumbre (y créanme que no hablo de las escalas jerárquicas!), cumbres que nos demandan también trabajo consecuente, apasionado, planificación, humildad. Sabemos que ocasionalmente los logramos, lo que sí se nos complica es…volver a casa. O mejor dicho: volver a casa a tiempo. A tiempo para ver a los chicos despiertos, para pasar a tomar un mate con nuestros padres, a tiempo para poder desacelerar nuestra cabeza y entrar armoniosamente en la vida familiar, a tiempo para … para lo que tengamos ganas!!! ¿Por qué??

Estoy segura que la mayoría de nosotros sabemos que lo más importante en nuestras vidas son nuestros seres queridos, nuestro lugar, nuestro placer. Sin duda. Sin embargo, la vida corporativa puede tornarse tan demandante que nos desequilibra al extremo de hacernos tambalear. Sospecho que tiene que ver con los objetivos colectivos, concurrentes, de difícil coordinación, con las extrañas luchas de poderes que brotan casi por generación espontánea, por ansiedad, por lo difícil que parece ser sólo decir, “hasta acá llegué, mañana será otro día, me voy (a casa…)”.

Entonces, se me ocurrió preguntarle al petiso Barragán: “muchos de nosotros abordamos nuestro ejercicio profesional apasionadamente como usted aborda sus expediciones, y considerando que lucen demandantes y prolongadas, la pregunta es ¿tiene algún consejo para ayudarnos a volver a casa?”. La respuesta, mmm, no cerró el tema, enfatizó que lo importante estaba en casa (todos coincidimos), que era bueno diversificarse, no hacer siempre lo mismo y sugirió que no creía que la empresa quisiera mantenerme lejos de las cosas importantes de la vida y que si estaba pensando en estos temas y me tomaba las cosas con tanta responsabilidad (como para no encontrar la manera volver a casa), debía revisar un poco qué me estaba pasando…

Sinceramente, el tema no me terminó cerrando porque estoy segura que él también en medio del apasionamiento por armar la embarcación habrá pasado horas y horas pensando sólo en eso, descuidando sin quererlo a las cosas importantes de la vida y estoy segura que las veces que abandonó proyectos no fue porque no lograba "volver a casa" sino porque eran fallidos o sencillamente no era el momento. Me cuesta imaginar que no haya tenido algún reproche de sus seres queridos! (si hubiera sido mujer, seguro los hubiera tenido!).

Equilibrar la vida profesional y familiar es muy difícil y se ha escrito mucho sobre el tema. Se dice que el tema se fue tornando grave a medida que el medio laboral se torno más y más competitivo. Yo no coincido, a mí, personalmente lo que me impulsa es la pasión, (igual que a Barragán!!!) es muy gratificante proponerse algo y lograrlo aunque ese “algo” no sea tan espectacular como la expedición Atlantis. El tema es cómo parar a tiempo para que esos objetivos no se consuman toda nuestra energía y... para eso hay que estar bien atentos. Sí, bien atentos porque un estado de embriaguez puede embargarnos y hacernos perder foco (aunque Barragán no me lo haya reconocido…).

Por eso, a falta de consejos del petiso Barragán, voy a tratar de aportar algunos que leí de Nigel Marsh, un australiano autor del libro “Fat, Forty and Fired”, “Gordo, cuarentón y echado” cuyo subtitulo es: “El año que perdí mi trabajo y encontré mi vida” (de paso, veo si logro implementarlos de manera de hacer cumbre y volver a casa) y algunos otros de cosecha propia:

1) Tengamos claro en qué trabajamos y cómo nos demanda ese trabajo. Propone Marsh tener un debate honesto, dice que los horarios flexibles, las licencias por maternidad, las consignas estilo Casual Friday son solo una máscara, “es claro que ciertas carreras son incompatibles con un compromiso diario familiar”. Debemos aprender a lidiar con nuestro monstruo, el que elegimos, con lo bueno y con lo que no lo es tanto.

2) Tengamos claro qué tipo de vida queremos. Provoca diciendo: "Si usted no diseña su vida, alguien lo hará por usted, y tal vez, su concepción de "vida balanceada" no sea de su agrado". Remata con: “nunca ponga su vida en manos de una corporación comercial, las compañías comerciales están diseñadas para sacar tanto de usted como le sea necesario para salirse con la suya, aún aquellas buenas y bien intencionadas”. Guau.

3) Pensemos no sólo en completar nuestra vida profesional con actividad física, sino también con actividad emocional, espiritual, artística.

4) “Las pequeñas cosas importan” (Small is beautiful!). No necesitamos hacer un giro drástico en nuestras vidas, sino pensar, y detectar esas pequeñas cosas, que hechas con las personas y en el momento y lugar oportuno, puede cambiar radicalmente la calidad de nuestra vida.

5) Pongamos un horario de vuelta a casa como límite. Sabemos que: tildamos como hecho un tema, y se agregan tres, tachamos dos, se agregan cuatro. Entonces… reconozcámoslo, nuestro monstruo es así, no cambiará nada seguir agregando horas de trabajo pensando que ese día sí, lograremos adormecerlo.

6) Tomemos vacaciones. Ya sea para viajar o para… disfrutar de estar en casa, nuestro refugio. ¿no era que de volver a casa se trataba este post??

Para terminar, les dejo un video de Seinfeld que agudamente nos muestra lo alineados que podemos llegar a estar con, esa embustera, la blackberry, que pretendió hacernos creer que íbamos a ser más libres y sin embargo… (Para más reflexiones sobre el mundo blackberry, “Bailando al ritmo del Blackberry” en este mismo blog…).

3 comentarios:

Gonzalo Luis dijo...

¡Coincidencias múltiples Alejandra!

A los planteado sobre la vida corporativa me gustaria adosarle las tensiones de género (se espera a la madre perfecta luego de esa jornada laboral) y las particularidades de aquellos que son cuadros medios con equipos que trabajan x resultados (¡¡Todo por el objetivo!!).

Debemos conocernos para ser reflexivos sobre nuestras prácticas (las que nos gustan y las otras también), debemos conocer a la organización en la que trabajamos (Para no pedirle aquello que no nos puede dar)y debemos tener claro un horizonte (¿Donde queremos llegar personal y profesionalemente?, ¿Con qué recursos? y ¿En que tiempos?)

Encuentro en esta formulita una chance, debe haber miles, de sopesar mi adicción obsesiva al mundo laboral y mi vida personal.

Abrazos y saludos

Ale dijo...

Gracias Gonzalo!! Debo reconocer que lo de la tensión de género sobrevoló varias veces mi borrador pero preferí no enfatizarla, por razones obvias. Gracias también por rescatarla!

Anónimo dijo...

Me gusta mucho como escribis!
Creo que tu planteo es bien profundo y nos pasa a todos, no importa lo que hagamos.
Va más allá de la vida corporativa.
Justo hoy fui a almorzar a la casa de mi tía y estaba mi prima que tiene un niño de 7 meses y está terminando su carrera en arquitectura. Y también hablaba de cómo por momentos se sentía estresada y que no alcanzaba a hacer todo.
Para mi casa, ese lugar que vos mencionas, está adentro de cada uno de nosotros, es ese lugarcito que te hace sentir equilibrado y sincero con vos mismo, hagas lo que hagas.
Es díficil de encontrar por momentos, más bien es una tarea constante, como los es ocuparnos por nuestra salud, nuestras metas y nuestros afectos. Algo que sabemos que es precioso y no podemos decuidar (y como vos bien decis en tu nota tampoco se puede delegar).
Da para seguir. Para un próximo encuentro.
EG