miércoles, 31 de agosto de 2011

Recuerdos de momentos felices de la infancia






El viernes asistí a un seminario sobre Comunicación Interna dictado por Manuel Tessi, referente indiscutido en la materia. Fui con la expectativa de que debatiríamos temas tales como si la Intranet es más efectiva que un newsletter, o si las pantallas del comedor del Banco debían mezclar contenidos comerciales con contenidos institucionales. Sin embargo, me encontré con una actividad muy movilizadora que me propuso explorar las distintas dimensiones de la comunicación, desde la corporativa, a la interpersonal terminando (o empezando, según se mire) con la comunicación con uno mismo. Por mi confusión, pensé que el título del Seminario debiera ser otro, pero finalmente llegué a la conclusión de que era el adecuado. Sólo la comunicación interna, en el sentido literal, hacia mi interior, pudo rescatar momentos felices de mi infancia.

Les cuento: El concepto era sencillo, y extraordinariamente efectivo. Si logramos compartir con nuestros colegas sentimientos, emociones distintas al día a día, las conversaciones y los dilemas corporativos fluyen mucho mejor, porque nos miramos y medimos de otra manera. Entonces, Manuel propuso: “¿quién quiere contar un momento feliz de su infancia?”. Cri, cri, fue lo inmediato. Manuel nos explicó que era lógico que tardemos en contestar, que todos nosotros estamos acostumbrados a contestar preguntas mecánicamente: “-¿Cómo te llamás? – “Alejandra”, “-¿Dónde trabajás? –Banco Supervielle”, pero… para contestar: “-¿Cuál fue el momento más feliz de tu infancia?”, tenés que ir a buscar en tu memoria y eso implica un ejercicio que requiere entrenamiento.

Entonces…me puse a entrenar y acá estoy, escribiendo. El ejercicio fue raro porque me remitió incluso a momentos que yo no puedo recordar por mí misma, porque los conozco por relatos (que imagino felices), hasta momentos cotidianos, repetidos por tiempos prolongados. Comparto los cuatro que surgieron por orden cronológico:

Año 1963: Tengo un año, estoy sentada en una mantita rodeada de juguetes en el patio (¿se puede imaginar mayor felicidad?) de la casa de la calle Carhué. Papá mira desde la puerta de la cocina cómo me voy durmiendo, relajada cabeceo, y maravillado le dice a mami: “vení… no te la pierdas… mirá qué divina… cómo se está durmiendo”. Cuenta el relato familiar que mamá salió corriendo a mi rescate, estaba a punto de tumbarme…

Año 1968-1969: Mientras mamá y papá trabajaban, me quedaba en la casa de la abuela Laura y el abuelo Segundo de la calle José León Suarez. Papá llegaba un poco antes que mamá por lo que era él quien me pasaba a buscar. Entre ambas casas mediaban seis, siete cuadras. Las hacíamos caminando de la mano pero… a nuestra manera: eran dos pasos y un saltito, dos pasos y un saltito. Ese saltito sostenida por su mano firme era la gloria.

Año 1973: Acto escolar, en la escuela Felipe Boero. Me toca izar la bandera, a poco de comenzar, por detrás del mástil, a unos metros de distancia, aparece de repente mamá, con los ojos emocionados rojos. Lo tengo claro como si fuera hoy. Había hecho piruetas para salir antes de su trabajo y llegar a verme. Corrió y corrió y logró llegar justo. Fue un momento de conexión profunda e inigualable sensación de estar acompañada. Con el paso de los años, y ya siendo yo mamá rescaté una y mil veces ese momento para acompañar a mis hijos, yo también trabajo, quiero estar en todos lados, simultáneamente…

Año 1980 (ya no es infancia, sino adolescencia, pero…apareció y no quiero que se me escape): Verano, preparo el ingreso a la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Hago ejercicios de matemáticas. Se suceden ecuaciones unas tras otras en las hojas cuadriculadas. Las resuelvo casi mecánicamente. Estamos en la cocina de la casa de la calle Cárdenas, con la abuela Laura. Me ceba mate mientras en el fondo el televisor pasan la novela de la tarde. Recuerdo que todo el verano estuvimos las dos en silencio, pero a la vez… tan comunicadas.

Me gana la nostalgia…creo que es momento de terminar el post… Hacía rato que no buceaba de manera deliberada en mis recuerdos. Y sí… fue comunicación interna… con la pequeña que era..se las presento:







Pd. Escribo este texto, sentada al sol mientras los pájaros me sobrevuelan cantando y Julio prepara el asado del domingo. Publico, unas noches después…quise buscar fotos…

5 comentarios:

julio dijo...

Creo que por eso te adoro

Anónimo dijo...

Qué buen ejercicio recordar momentos felices de la infancia !!! Me gustó lo que leí, y ahí empiezo a recordar yo también ... besos, Mirta Alvez

Anónimo dijo...

Alejandra, Qué lindo!
CP

Anónimo dijo...

Amor mìo. Recordè paso a paso todos esos hermosos momentos, por supuesto lagrimeando. Sos un sol!! te adoro.Cumplìas dos añitos. Que ràpido pasò el tiempo.Ahora somos dos los que lloramos....Te queremos muchìsimo. Papà y mamà.
Papá y Mamá.

Ale dijo...

Gracias Julio, mi amor que hace asados espectaculares y me banca...hasta lo increíble. Y a Mirta y CP que pasaron cariñosamente por el blog.
Capítulo aparte Mamá y Papá: los adoro!!!!
Abrazos a todos, ale.
Pd: Mirta, contá!!