jueves, 21 de junio de 2012

Lily Querida, para siempre.




Hace unos días supe que no podía seguir haciéndome la distraída, tu partida se acercaba muy a pesar mío. Quería un poquito más, casi como un acto reflejo, claramente irracional. Hoy amanecimos con la noticia. Shockeada todavía pienso lo obvio, tenías todo el derecho a decir cuándo irte, y lo hiciste de a pasitos…¿tal vez un acto generoso de tu parte para que todos nos preparemos?

Lily, pues, tengo que decirte que…no te vas. Lo harás físicamente pero nunca en nuestro corazón, porque fuiste muy generosa, hiciste y nos enseñaste mucho. Tu actitud…Lily, tu actitud fue ejemplar. Que quede claro…no hablo de los últimos años en que la vida te puso tantos obstáculos, y vaya si mostraste actitud positiva. Hablo de toda tu vida. Hablo de tu sonrisa, de tu humor, de tu desenfado, de tu firmeza de convicción, de tu discreción, de tu integridad, de tu capacidad para encontrarle la vuelta a la vida. Eso…la vuelta a la vida.

Trabajamos muy juntas, muchos años. Recuerdo cuando nos quedábamos solitas después que la mayoría se iba. Nunca nos íbamos antes de las 8. Era ese el ratito en que cambiábamos palabras justas, intimistas, yo sabía cómo estabas, qué te estaba fastidiando, qué te había alegrado el día y vos igual, no necesitaba yo decirte nada. Casi que me leías la mente. También me corrías para que me saque de encima las cosas que no me gustaban tanto…¡los expedientes verdes!, pilas y pilas se acumulaban, yo siempre encontraba algún llamado pendiente para evitarlos pero vos… profesionalmente, cariñosamente, te acercabas y preguntabas “los sacamos Ale?”, y yo, de tu mano, segura, sabía que debía hacerlo. En tu compañía todo era muy fácil: folio a folio, entre charla y charla, indicándome qué ameritaba mi atención, dónde debía firmar, lográbamos irnos satisfechas. Una pasión compartida: la de no dar vueltas y en cambio hacer, no detenerse en rituales victimistas, sencillamente: concretar cosas, ir para adelante. Con la tarea cumplida nos esperaba en la calle Reconquista (no era peatonal) los dos móviles de Taxi Diez. Éramos tan conocidas que los choferes nos preguntaban a las dos, “¿todavía no salió su compañera?”, “está bajando” (contestaba la que había bajado primero), a lo que el conductor decía: “trabajan mucho ustedes dos”. Y sí..tenía razón, pero qué bueno haberlo hecho con vos, con tanta alegría, mi Lily querida. Lograste que lo cotidiano sea una fiesta.

Me consuela pensar que tu ejemplo nos guiará para seguir encontrándole la vuelta a la vida. Porque estés donde estés, con tu luz, nos orientarás el camino. Esta vez, no será con papelitos, planitos y dibujitos como los que me dabas para que no me pierda (¡hasta en esos detalles estabas!), tu guía nos llegará en la brisa que respiramos. Allí estarás. Allí estaremos.