miércoles, 7 de noviembre de 2012

Ni remotamente...



Ya estoy grande. Veo claramente lo que me rodea, aunque al leer, mis ojos se empeñen en querer demostrar lo contrario. Lo que me rodea no me gusta. Sin embargo, como siempre digo, soy irlandesa cabeza dura y no me voy a rendir. Ni remotamente.

En estos días de posiciones extremas y posiciones drásticas, ausentes de matices, tomo prestado unos párrafos de "La Emoción de las Cosas" de Ángeles Mastretta que me movilizó muy especialmente, aunque la vida a ella se le vaya en México y a mí en Argentina. Dice así:

"Todavía ahora, cuando el cielo de la ciudad se llena de luces, llamo a mis hijos para que corran a mirarlo. No sé si ya habré sembrado en ellos el mal gusto de la esperanza a toda costa. Ojalá.

Quiero creer que escribimos, pensamos, nos hacemos cruces o damos gritos para que valga la pena heredar este lío. No hemos creado un Estado confiable. De acuerdo. ¿Pero algo así teníamos hace cien años? Ni de lejos. ¿Y hace doscientos? Menos aún. Hace doscientos años no teniamos ni siquiera nombre. Somos una sociedad muy joven. Todavía podemos, no digo reconstruir, diré construir un país, aquí, donde están la ceniza y la semilla de lo que somos. No tenemos mejor lugar al que ir. Sobre todo, no juntos. No sin dejarlo todo. Sin duda, la fiesta. Y el escepticimo, al que me gusta nombrar como una fiesta serena. Es aquí, en este país, incluso en estas páginas, donde hay que decidir las cosas que se vale celebrar. ¿Qué desafío? ¿Qué ideas?

Doscientos años, es hace apenas un rato. El abuelo de mi abuelo anduvo esa batalla. Nada que celebrar sino el comienzo. ¿Pero qué queremos? Que nos toque esa fiesta, aunque todas las otras se nos pierdan. El país no se acaba en nosotros. Quizá la fiesta no sea para tanto, pero se vale tener un patriotismo escarmentado. Y pensar el futuro. Que sea nuestro festejo empujar el horizonte."