sábado, 23 de noviembre de 2013

Museo John F. Kennedy en Boston, a 50 años del magnicidio.



En esta semana en la que se cumplieron los 50 años desde el absurdo asesinato al presidente John F. Kennedy mi memoria me remitió instantáneamente a la clásica y moderna Boston, su ciudad natal y más específicamente a su espectacular museo donde podemos aprender de su vida, de la fatídica visita a Texas, y especialmente de su legado.

El Museo de John F. Kennedy está emplazado en un magnifico lugar en las afueras de Boston. Dicen que fue elegido porque conjuga una completa vista simultánea de Boston y el mar, adorados símbolos de su vida.

El recorrido al museo comienza con un pequeño film en el que escuchamos un reportaje. Me gustó una frase en la que se refiere a un traspié electoral que sufriera como candidato a vicepresidente. Menciona que en la vida política los errores realmente se descifran solo en situación de derrota. Notable...creo que nos está diciendo que el triunfalismo nubla la vista....Luego,  la recorrida sigue por salas ambientadas muy en los 60 donde se exhiben elementos hogareños de la época, diarios, revistas, afiches de campaña. Me recordó a la serie Mad Men! También recreaciones de su escritorio en el Salón Oval (por recreación entiéndase que la mismísima sala con sus aberturas y relieves replican a la Casa Blanca...)

Un capítulo aparte merece los espacios dedicados a Jacqueline Bouvier. Numerosas fotos ilustran sobre toda su belleza y estilo. La verdad es que con JFK hacían una pareja muy cinematográfica. Visitas oficiales, reproducciones de reportajes, vídeos y... tres vestidos. Uno, de Givenchy que usó en una gala en honor a Charles DeGaulle fue el que acaparó mi atención. Jackie es un personaje que me despierta curiosidad por su impronta, por su gracia, por su fabuloso y valiente escape en medio de la balacera de Texas, por su (a mi juicio) inentendible casamiento con Onassis, por su discreto ocaso acompañada de sus hijos y de Maurice Tempelsman, un comerciante de diamantes belga quien finalmente pareció haberle dado la contención que necesitaba en los últimos años de vida. 



Casi terminando, el Museo nos introduce en una sala negra en la que pequeñas pantallas reproducen los eventos absurdos del 22 de Noviembre de 1963 de los que todavía, a medio siglo pareciera no saberse nada. Es mas, el Museo no intenta hacer ninguna bajada de linea, solo los relata. No se queda con el rencor por la violencia del atentado sino que se focaliza en exaltar hacia el futuro el legado, y los ideales de JFK. Para terminar, el circuito nos sorprende en un cubo de  enorme altura, vidriado, que nos da la sensación de estar al aire libre, en el mar, solo falta la brisa... así, el edificio...también se revela como una pieza arquitectónica icónica de la ciudad.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Un amor imperfecto.



Al comienzo, traté de memorizar el título de los bloques. "Escondiendo el polvo debajo de la alfombra",   "Cama de clavos", "Real, irreal",,,pero no pude seguir el ritmo. Me metí en la obra de la mano de los actores perdiendo el hilo hasta el final que me regaló este título: "Un amor imperfecto".

Sí, es imperfecto el amor, supongo que siempre. También vulnerable, su vulnerabilidad muchas veces lo deja en situación de fuga. ¿Qué otra cosa que no sea fugarse hacen los personajes de "Escenas de la vida conyugal"? Se fugan de la rutina, de la desconsideración del otro, de la ausencia de empatía, de la ausencia de pasión. También de la vida pautada, esquemática, previsible. Tan, pero tan pautada, esquemática y previsible que la única forma que encuentran de resolver el hechizo es destruyéndolo todo, y sólo al cabo de los años, encontrar una fórmula acorde, juntos y prófugos de las convenciones sociales.

Debo confesar que el primer bloque me tendió una trampa. Una mujer hipersensible, cuestionando la rutina, un hombre paciente, amoroso, conteniendo. Valeria Bertuccelli se parecía mucho a la "Tana" de "Un novio para mi mujer", Ricardo Darin menos estereotipado ganaba espacio. Yo pensé, ¿enfoque machista? Quedo claro a poco de avanzar que no. Claramente. Valeria Bertuccelli gana en moderación, en matices, en emoción, mientras Darin evoluciona hacia hombre espantoso. Sabiendo que él por su pasado es "más" (y todo un caballero) me permito decir: Bertuccelli es gigante. Esos momentos en los que por largas pausas sostiene la mirada fija en su pareja sin poder dar crédito a lo que escucha....Sencillamente, impecable. 

¿Histérica o sensible? ¿Príncipe o sapo? ¿Y si fuera así de complicado, volátil? ¿y si todos tuviéramos nuestro momento para cada faceta, aún diametralmente opuesta? ¿Y si la vida fuera lo suficientemente larga para encontrarnos y desencontrarnos? ¿Y si las etiquetas fueran un absurdo? Se me ocurre que si bien Ingmar Bergman lo escribió bajo sus "Scenes from a marriage" para un matrimonio a lo largo de los años, bien podría pensarse que los encuentros y desencuentros son en realidad con nosotros mismos, sea la misma persona o no la que nos ayuda y completa en la construcción de nuestro ser adulto.

Hacia mucho que no veía teatro en estado puro. Escenografía leve, vestuario sutil, sólo las luces y los actores en escena. Mi memoria se remonta y me cuenta : "sólo comparable al "Diario de Adán y Eva". Es cierto que desde el año de su aparición, 1973, Escenas de la vida conyugal propone una trama contradictoria, que a algunos los hace reír, a otros llorar. A mí me mantuvo en una tensión emotiva de celebración a la búsqueda del amor, siempre imperfecto. 

Se me ocurre que allí radica su misterio.