martes, 15 de julio de 2014

De Messi, Mascherano, la capitanía y el balón de oro.


 

Yo tenía una profesora de historia en la escuela secundaria que tomaba lecciones orales. Si durante el comienzo titubeabas pero tenías la fortuna de dar una respuesta correcta hacia el final, la  buena nota estaba asegurada. Si, en cambio, habías comenzado bien pero al final alguna respuesta te encontraba insegura, la desaprobación era inmediata. Recuerdo como si fuera hoy la indignación que me daba su incapacidad para evaluar todo el desarrollo de la presentación y no, tan solo los minutos finales.

Esta semana la recordé. Ante la lluvia de evaluaciones con respecto al merecimiento del balón de oro para Lionel Messi, me encontré cavilando desorientada como en aquellos tiempos. ¿No fue él acaso el que con jugadas decisivas hizo avanzar al equipo categóricamente hacia rondas que hace 24 años se les negaban en un campeonato Mundial? ¿No fue él quien tuviera el record del galardón “The Man of the Match” siendo distinguido cuatro de las siete veces que jugó Argentina? ¿No fue él quien despertaba la locura de los hinchas al comienzo del Mundial con ese cántico y gestos de alabanza “Mee-SSii”, “Mee-SSii”? ¿O era otro?

Para colmo, además de ignorar lo que hizo se instaló una suerte de puja: ¿quién es el auténtico capitán del equipo? ¿Messi o Mascherano?  De pronto, todos somos Mascherano, como si como sociedad tuviéramos mucho en común con sus gestos perserverantes, austeros, colaborativos, limpios. Me ilusiona tanto consenso. Ojalá.

Curiosamente es la segunda vez que Messi pasa por el blog (http://alejandranaughton.blogspot.com.ar/2009/10/cuantos-talentos-como-lionel-messi.html). No sé nada de futbol, pero aprendí a respetarlo. Como leía en una columna de Eduardo Sacheri hace unos días: “(…)el fútbol es el juego que más jugamos. El juego en el que, por detrás de todas nuestras inseguridades nacionales, sabemos que somos buenos”.  Y es exactamente porque es el juego que más jugamos, le reconozco una fenomenal capacidad para reflejarnos. Por eso, quiero detenerme en este símbolo que  creo es el cuestionamiento a Messi, su balón de oro y su capitanía del seleccionado argentino.

Ojalá el país que se viene nos encuentre unidos. Son muchas las responsabilidades que hemos eludido y los errores que recurrentemente hemos cometido en nuestra joven historia. Va siendo hora que no los repitamos más. Sólo una mirada íntegra, capaz de dudar, capaz de pensar dos veces ante sentencias que a priori no admiten matices, capaz de entender que la trama social se compone de la suma de los ciudadanos, no de individualidades o facciones antagónicas, nos harán percibir las complejidades y superar los desafíos que tenemos por delante.

Ojalá seamos capaces sin excluir a nadie, de mirar el todo (a Messi y a Mascherano a la vez), y no sólo la parcialidad de los “minutos finales” (como solía hacer mi profesora de historia…).

 

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