sábado, 30 de agosto de 2014

Chicago, mucho más que un musical célebre.




Volviendo de Chicago y todavía abrumada por tanto estímulo, la primera reflexión que me surge es...Chicago es mucho más que un musical inolvidable basado en las crónicas de una periodista del Chicago Tribune sobre asesinatos, ambición, corrupción.

Llegué a la ciudad con el tren que une al aeropuerto con el centro y me dirigí, tal como decía el mapa, hacia el río. A poco de caminar, levanté la vista y... pensé...aha...parece que llegué. Es que la vista de los rascacielos pugnando unos contra otros por asomarse, por lucirse, hace un conjunto francamente imponente (y curiosamente reconocible por las tantas películas y series rodadas allí).

La ciudad y el Rio Chicago corren sinuosos hasta fundirse en el Lago Michigan en un nodo sofisticado que regula la altura de las aguas para prevenir inundaciones. El Lago Michigan es uno de los cinco lagos más grandes de Estados Unidos y el único que se emplaza en su totalidad en su territorio ya que los otros son compartidos con Canadá. Lo curioso es que el río no corta la ciudad, yo diría que todo lo contrario, le pide permiso para pasar, es la ciudad la que lo cruza haciendo de él una cuadrícula por momentos imperceptible.

Es mi primer visita y tuvo fines académicos, por lo que la mayor parte de mi tiempo la pase en la escuela de negocios de la Universidad de Chicago, el Gleacer Center, pero de lo que vi como visitante urbana circunstancial, me quedo con la navegación del río y el Millenium Park.

La navegación del río es atractiva tanto de día como de noche. De día, porque permite apreciar la riqueza arquitectónica de la que la ciudad hace gala empujada por circunstancias tan curiosas como un incendio en el año 1890 que la desvastó hasta la confluencia de nuevas tecnologías, materiales y talento que la reconstruyeron. De noche también, porque las luces le otorgan una ambientación muy sugerente ofreciendo otras perspectivas incluso la del skyline desde el lago, con el Navy Pier y su "vuelta al mundo". Un sólo lamento: el emplazamiento de la Trump Tower es privilegiado. Es lo primero que uno ve cuando accede por el río desde el lago. La Torre es imponente, hace honor al emplazamiento. Pero... el cartel me perturbó. Por qué poner letras enormes cuando el lenguaje dominante es otro, mucho más sutil? Se ve que los millones no entiende de sutilezas.

El Millenium Park, pensado en 1997 para recibir al nuevo milenio pero inaugurado unos años después, está emplazado en forma perpendicular al río, paralelo a la costa del lago, incluso algunas atracciones dentro del parque replican sus curvas. Es el caso por ejemplo del Lurie Garden diseñado por Kathryn Gustafson destacada paisajista que, entre sus obras, incluye el Memorial de Lady Di. Es un oasis en medio de la ciudad, mágicamente hace que cuando uno se adentra en él, todo se aquieta. Tiene curiosas variedades de plantas, y largos contornos en madera que hacen las veces de bancos que por piso, tienen unas piletas de agua en la que la gente, al menos en este Agosto caluroso, refrescaba sus pies.

Sin embargo las atracciones que me resultaron más impactantes del parque las constituyen el Pabellón de Conciertos Jay Prizker y el ícono de la ciudad: la Cloud Gate. Sobre el Pabellón, no voy a extenderme, sólo decir que es un punto de convocatoria para eventos culturales masivos, se erige soberbio y visible desde lejos por su curiosa estructura cortada, superpuesta y metálica. No es casualidad...fue diseñado por el arquitecto canadiense Frank Gehary cuya obra ya había pasado por el blog cuando visitamos en Boston el Centro Stata, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts  (http://alejandranaughton.blogspot.com.ar/2012/10/boston-ii-finale.html).

Pero... la Cloud Gate es, sin lugar a dudas, lo que más me gustó, diría que me fascinó. Una idea original del escultor indio Anis Kapoor inspirado en la cadencia del mercurio pero...gigante. Por su superficie, funciona como un espejo en el que cielo, parque, rascacielos y, fundamentalmente, la gente se reflejan en todas las perspectivas que ofrece su generoso volumen, desafiando la intuición, distorsionando formas, cambiando según la hora, según lo ilumina el sol (cuentan también según lo tapa la nieve en invierno). Como si todo esto fuera poco, en los tiempos que corren diría que es también el paraíso de la "selfiemania" (virtud que seguramente el escultor ni imaginó originalmente). Es que...su exterior invita a sacarse una y otra foto en la que inevitablemente aparecemos y ni hablar si la experiencia se repite en su pasadizo interior. Sus curvas, y las luces que entran desde el exterior y rebotan hacen que en las selfies nos multipliquemos!  Me recordó a la fascinación que me provocaban esos espejos que había allá lejos y hace tiempo en los que nuestra imagen se estiraba o achicaba ante nuestra mirada infantil atónita.

Para terminar con el Parque me quedo pensando en la Crown Fountain del catalán Jaume Piensa. Estructurada sobre dos compactos bloques de ladrillos de vidrio altos (15?, 20 metros?) enfrentados y distanciados por unos cuantos metros ( 30?, 50?, más? menos?) son a la vez pantallas en las que se reproducen con alta definición caras enormes (se dice que se filmaron más de mil caras) en movimiento (de a una, cubren toda la superficie de cada bloque) que hacen gestos y de pronto abren la boca y en ese mismo instante se convierten en fuentes de agua. Así planteado yo se que suena raro, y de hecho saqué fotos en el momento que el agua salía de las bocas y no me gustó....pero debo reconocer que hay otro detalle que tal vez hace una diferencia: entre los dos bloques se extiende una suerte de plaza que por efecto del agua y los ligeros declives hace que se convierta en el paraíso de los chicos (y grandes...) en días de calor. Eso también lo fotografié y lucia mucho más lindo! 

Para ver vidrieras y saber qué propone el mundo de la moda en Chicago, me dejé llevar por Michingan Av, N State Av, y Oak Street... Tal vez sea el entusiasmo del reciente regreso, pero no me pareció que tuvieran nada que envidiarle a la Fifth Avenue de Nueva York.

Para terminar: Chicago debe su nombre al idioma de los pueblos originarios. El río y luego la ciudad deben su nombre a la palabra "shikaakwa" que remitiría al olor fuerte que tenía el río, por efecto del abundante crecimiento de una planta parecida al ajo o a una cebolla salvaje. Ya no...

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