jueves, 2 de julio de 2015

Florencia Fashion. Del Museo Salvatore Ferragamo y Museo Gucci




Después de unos días en Florencia y habernos nutrido de tanto arte, decidimos explorar...otro arte fascinante: la moda. Y como Florencia es una ciudad densamente poblada con museos, dos marcas internacionales, italianas y de origen florentino decidieron montar el propio.

El Museo Gucci está situado en la Piazza de la Signoria. Aprendí allí que las dos G símbolo de la marca  obedecen a Guccio Gucci, italiano que supo ser botones de un hotel de la alta sociedad londinense, ambiente en el que se nutrió desde lo estético y lo pragmático. Fue así que al volver a su terruño decidió comenzar a diseñar y ensamblar bolsos de viaje utilizando los elementos representativos de la zona, básicamente el cuero. Sin embargo, el gran público reconoce como primer hito de su carrera al diseño "flora" utilizado primero en pañuelos (que lo llevaran a la fama el cuello de la Princesa de Mónaco) y luego se reprodujeran en vestidos, anteojos y, simbólicamente, en perfumes. En la última sala del museo encontramos la que me resultó la sala mas curiosa, la dedicada a la cartera Bamboo. Explican allí que la famosa cartera de manija rígida nació como una manera de superar la escasez de elementos durante la guerra. Esa escasez no alcanzaba a las cañas de Bamboo que importaban de Japón por lo que se le ocurrió moldearlas para terminar con gran carácter el diseño de la cartera. Fue un hit de inmediato y, desde entonces no paró de recrearla (y otros de copiarla u " homenajearla"). Reconoceremos muchas Bamboo Bag en las vidrieras de Buenos Aires!


Pero...el Museo de Salvatore Ferragamo superó ampliamente mis expectativas. Hizo su fama diseñando zapatos para las estrellas de Hollywood y fue solo después de la crisis del 30 que decidió volver a Italia. En sus relatos reconoce que en un principio esa red internacional de clientes notables le hizo subestimar a la alta clase de Florencia hasta que logró fundir ambos mundos y en su honor eligió un lugar icónico para la instalación de su atelier. Tan representativo de Florencia es el emplazamiento, que basta con saber que fue construido en época medioeval por Geri Spini banquero en tiempos del Papa Bonifacio VIII para muestra del poderío de su familia y supo ser siglos después sede de la Municipalidad. Es el Palazo Spini Feroni, a pocos metros del Río Arno, frente al puente de la Trinidad (siguiente al Puente Vecchio). Por estos días una exhibición temporaria denominada "The Palace and the City" (¿les suena familiar?), ilustra con cuadros, fotos, y videos distintas circunstancias del Palazzo a lo largo de la historia, las tareas de restauración realizadas y el palpitar del día, desde que se despliega a primera hora hasta que cierra, en un cortometraje encantador. 




Dos salas son dedicadas a zapatos. Una en la que exhibe incontables modelos agrupados por los años durante los cuales fueron diseñados y por paleta cromática, otra en la que cuelgan con identificación de a quién pertenecieron las ormas que usó para moldearlos según la forma del pie de sus clientes. Entre ellas tuvo a símbolos de la moda como Audrey Hepburn para quien diseñó las celebérrimas balerinas (allá por los cincuenta), o a Marilyn Monroe para quien diseñó stilettos espectaculares (el mas famoso es el cubierto con cristales rojos Swarovsky y vendido en el año 1999 en una subasta de sus efectos personales hecha por Christie's ). También a Madonna. Lo de Madonna es particular: elige a Salvatore para el vestuario de la película Evita porque...Evita usaba zapatos Ferragamo. Hay una cita en los libros que se venden en la tienda que afirma que jamás había visto una mujer tan inteligente: decía que "tenía la fiereza de los Andes en sus pies, y la fiereza de la extravagancia en sus pedidos" (Salvatore Ferragamo, Shoemaker of dreams, London 1957). Se vé que Eva tenía bien claro la contribución indiscutible de la imagen para su condición de líder. En serio y sin sarcasmos: ¿habría tenido igual atracción si su imagen hubiera sido humilde o descuidada? Sinceramente, creo que no. 






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