sábado, 17 de octubre de 2015

Elecciones Presidenciales 2015. Una oportunidad para romper el hechizo.





En este fin de semana previo a las elecciones presidenciales me sorprendo pensando que desde recién llegado el año pienso en ellas. Me ilusionó pensar en Diciembre 2014 que Octubre 2015 nos daría la oportunidad de expresarnos con relación al país que aspiramos. Yo, personalmente, aspiro a un país que despliegue todo su potencial, que se haga responsable de sus distorsiones sin buscar chivos expiatorios, que logre multiplicar valor en lugar de concentrarse en cómo disputar lo que ya no tenemos, ni tendrán, si no hacemos algo, nuestros hijos. Un país inclusivo en el que tengamos lugar todos, en el que se entiendan los roles, las contribuciones de todos los sectores y ciudadanos, en el que los enfrentamientos cedan paso a la reflexión. 

Por todo eso, me permito a continuación recuperar algunos párrafos del post que publiqué el 20/12/2014 dando la bienvenida al año, creo que son oportunos... Escribía por entonces...

Dice Stephen King (@kingeconomist), economista británico, que el mundo debiera haber aprendido de Argentina en lugar de considerarla "rara o fallida" porque hubiera sacado lecciones aprendidas para resolver el dilema del estancamiento que parece haberse instalado luego de la crisis financiera mundial.

Radica su razonamiento en que a su criterio, cuando Argentina encontró un límite a su crecimiento por dificultades para exportar a Europa durante las Guerras Mundiales, en lugar de reinventarse y tratar de ampliar mercados y productos que sustituyan a los que se cerraban, decidió encerrarse y entrar en un laberinto del que todavía no salió en el que sólo disputa por una torta cada vez más chica. Suena tan familiar...

Pareciera ser que @kingeconomist algo de razón tiene, el experimento no funcionó: antes de la guerra Argentina tenía el tamaño de Alemania, ya no... Por estas épocas, para dar sólo algunos datos, la calidad educativa que supo ser de excelencia se desbarrancó, la producción ganadera no equipara a la de nuestros países limítrofes, y tal vez para no dejar huellas (como si eso fuera posible), nuestras estadísticas se resisten a medir los índices de inflación o pobreza. 

Por todo esto, estoy convencida que las elecciones del próximo domingo nos dan la oportunidad para evolucionar, para romper el hechizo en el que parecemos haber quedado entrampados desde el siglo pasado. Ojalá que el próximo domingo la pasión por crecer moral, ética, social y económicamente sustituya al pensamiento binario. 

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