jueves, 11 de febrero de 2016

La luz que no puedes ver, de Anthony Doerr.



"All the light we cannot see" (título de la edición original en inglés) es una novela sobre la capacidad de sobreponernos a la adversidad, sobre la capacidad de resiliencia. En el escenario de la ocupación alemana en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial, dos historias se cruzan, dos jóvenes se encuentran justo en el momento en el que el mundo parece llegar a su fin durante el bombardeo de las fuerzas americanas a la ciudad de Saint Malo.

Una joven ciega desde los seis años, Marie Laure, vive con su padre viudo que la cuida amorosamente. En su desesperación por ayudarla a orientarse construye una maqueta con la réplica de las cuadras parisinas que separan su casa del Museo de Ciencias Naturales donde trabaja. Está construida minuciosamente en perfecta escala. Todo queda atrás, inclusive sus libros de Julio Verne en Braile (La vuelta al mundo en ochenta días, Veinte mil leguas de viaje submarino), cuando huyen apenas días antes de la llegada de las fuerzas alemanas a París. No escapan solos. Atesoran y protegen de los inminentes saqueos, a pedido del director del Museo, una piedra preciosa única, "sea of flames".

El joven alemán se llama Werner. Su rara habilidad para decodificar ondas radiales le da un protagonismo insospechado en el ejército nazi. Intentando detectar conspiraciones de guerra, termina encontrando mensajes, historias que obstinadamente se aferran a la vida, aún frente a las atrocidades de la guerra. Exactamente como él, como tantos otros compatriotas que, sin entender por qué, llegan a semejantes pensamientos y comportamientos extremos.

El relato de la historia es contado sobre un eje de tiempo que, si fuera cronológico comenzaría en 1934 y terminaría en 2014, pero que se detiene muy especialmente entre 1943 y 1945 con la curiosidad de que avanza y retrocede generando un enorme suspenso. Capítulos cortos nos llevan de la mano de una ciudad a otra, de un año a otro, de Marie Laure a Werner, y viceversa. Ellos, que en el comienzo del libro están separados solo por unas cuadras, bajo un bombardeo feroz, aprendemos luego que vienen de países distintos, de realidades distintas. ¿Cómo llegaron a esa situación? ¿Qué extrañas circunstancias de la vida los lleva a encontrarse viniendo ambos de tan lejos, de realidades y culturas tan distintas y estando tan solos? ¿Cómo finalmente se encuentran? ¿Se encuentran? ¿Cuánto tiempo requiere encontrarse? 

Creo que la magia de la novela radica en la convicción y auto conocimiento de cada uno de sus personajes acerca de qué circunstancias los mantienen vivos. La literatura, los pájaros, la ciencia, un rico omelette, un cremoso Camembert, una esponjosa rodaja de pan que atesora secretos, los recuerdos de la infancia, el punto angular a partir del cual se proyectan (seres queridos, hermanos, sobrinos, hijos, diamantes preciosos y singulares....), el enorme mar. Más allá de Marie Laure y Werner otros tantos viven y mueren también con ellos. Soportan con dignidad y coraje su destino. Aún después de muertos, reviven recostados en sus huellas. Uno de los más adorables, Madame Manec, alentando a asumir riesgos desafía: “¿no deseás estar vivo antes de morir?”

Anthony Doerr ganó con esta novela el Pulitzer Prize for fiction, en el año 2015 y mucho antes de eso, el libro se había posicionado sorpresivamente entre los más leídos, sosteniéndose durante 82 semanas, además de formar parte de los 10 mejores libros también del año 2015 de acuerdo al New York Times. Notable curiosidad para una novela que habla del poder esperanzador de la transmisión de voces, justo en ésta época en donde ni siquiera el teléfono pudo frente a los mensajes virtuales.

Ideal para comenzarla con tiempo porque una vez pasadas las primeras hojas, imposible dejarla. Sinceramente, se las recomiendo.