domingo, 20 de marzo de 2016

Ruta del Vino, Valle de Uco, Mendoza, Argentina.





El Valle de Uco se encuentra al pie de los Andes, en la provincia de Mendoza. Su elevación, sus suelos, sus microclimas con lluvias y sol exactos, con amplitud térmica ideal, son propicios para el cultivo de la vid. Desde hace más de 10 años que se instalaron los primeros establecimientos en el Valle, la zona no ha dejado de consolidarse como zona vitivinícola argentina destacada por su excelencia. La ruta que lo atraviesa es la número 40.

Recorrerlo y disfrutarlo es una fiesta para los sentidos. Lo hicimos en plena Fiesta de la Vendimia 2016, pero cuentan los lugareños que la belleza dura todo el año. El misterio se mantiene, solo cambia la fisonomía virtuosa y cíclica del paisaje: en verano verde pleno, con el color de los racimos contrastando con las hojas, las mismas que se deshojan con el frío del invierno. Dicen que durante el invierno, los cultivos se repliegan, duermen protegiendo los nutrientes, los mismos que en el verano contribuirán a la magia del fruto y el vino. 



Gracias al Bus Vitivinícola, visitamos y pudimos degustar en tres bodegas del Valle de Uco: Andeluna, Salentein y Monteviejo. La idea del bus es bien sencilla y práctica. Hace recorridos diarios por cuatro caminos del vino (el del Vino El Río, el del Vino Luján Sur, el del Vino El Sol y el del Vino Valle de Uco) permitiendo a los turistas no sólo subir, permanecer y retomar el recorrido a su tiempo (al estilo conocido como "Hop on/Hop off") sino también degustar de las distintas variedades de vino sin la preocupación de tener luego que manejar. Al comenzar el recorrido partiendo desde la ciudad de Mendoza la tripulación del Bus cuenta sobre las bodegas en las que harán las paradas y el menú que en cada una ofrecen, de manera que la Ruta del Vino se convierte también en Ruta Gastronómica.

Cada una de las bodegas tiene su encanto, su estilo. A lo largo de los recorridos aprendimos acerca de cómo funcionan las mallas anti granizo que protegen a los frutos, acerca del riego por goteo, también del método mugrón que asegura la tradición de cada planta (reemplazando plantas penosamente destruidas por nuevas germinadas de las plantas sanas adyacentes), de la incidencia de la coloración de la piel de la uva para la determinación del color final del vino (ya que la pulpa de la uva siempre es cristalina), de cómo se montan las máquinas que realizan las cosecha por efecto de vibración. También del tiempo de añejamiento, de la sutileza de la oxigenación de las maderas de los barriles, de su necesaria rotación hasta su oportuno reemplazo.

El fruto de la tierra, el valor agregado de la producción industrial y el talento y delicadeza de los enólogos son albergados por una arquitectura también singular. De las tres bodegas que visitamos, tal vez Salentein sea la que aporta su impronta más singular con su Espacio Killka. Allí se puede disfrutar de degustaciones ofrecidas en ambientes meticulosos, impecables, emplazados muy cerca del epicentro del complejo: la cava con forma de anfiteatro, inspirada en Italia y sus iglesias. Bastará para tentarlos con decirles que destaca en su centro un piano de cola, sobre un piso de marmol que dibuja una rosa de los vientos y sus puntos cardinales, representando la conexión de la bodega con el mundo. Allí se celebran conciertos (ya vemos que la ruta del vino, también gastronómica, deviene de tiempo en tiempo en ruta de la música...) donde el auditorio usa como respaldo barriles en uso. Esta foto seguramente será más que elocuente:



Partimos de la ciudad de Mendoza a las 9:00 volvimos casi a las 20:00. Fueron once horas de fascinación, que por suerte no terminan allí. Se recrearán cada vez que brindemos en casa con alguno de los exquisitos vinos de la región. Además de ricos, son tan hermosos. Y si no me creen, vean esta otra foto tomada en Bodega Monteviejo de Clos de los Siete. Salud! Cheers!