miércoles, 5 de octubre de 2016

Castillo de Malahide, a minutos de Dublin.






El Castillo de Malahide construido hace mas de mil años se encuentra a menos de cuarenta minutos de Dublin, (vía el tren Dart, 3,5 euros cada pasajero). Su nombre deriva de una palabra que en gaélico significa "Marea" y hace honor a la proximidad de su emplazamiento al mar (también leí por ahí que significaba "promontorio de la santa ira", pero lo de las mareas me gusta más!).  El primer bloque construido fue el rectángulo que se conoce como la sala de roble que elevada permitía cobijar a los animales debajo. Poco encantadora la imagen...Sin embargo el tiempo pasó, y con él el castillo evolucionó hasta convertirse en lo que hoy es, que a su vez nos muestra lo que fué... (así de circular termina siendo las historias de castillos...). 

El castillo perteneció por 800 años a una sola familia, la familia Talbot quienes lo mantuvieron hasta que en 1973 la última de sus descendientes, Rose, lo entregó al estado en pago de impuestos a la herencia. Con su muerte en 2009 y sin descendientes, la saga de los Talbot terminó en donde Rose pasó los últimos treinta años de su vida, en Tasmania. 

La familia Talbot como todas, es el resultado de una mezcla de culturas. Orígenes franceses que leales al rey de Inglaterra se terminaron estableciendo y constribuyendo a la cultura de Irlanda. Así de ecléctico, así de auténtico. Richard Talbot (originalmente normando "Tailbois" or "Talebot") recibió en 1185 por parte del rey Enrique II de Inglaterra las tierras sobre las cuales creció y aún vive el castillo.  Claro que la historia no está exenta de frustraciones como los que acarrearon los diez años que mantuvieron a la familia fuera de Malahide por ocupación de las fuerzas de Cronwell entre 1649 y 1660. Eran tiempos en los que el Rey de Inglaterra (la misma corona que les había otorgado a los Talbot las tierras cinco siglos atrás) impulsaba a la fuerza a los irlandeses hacia el oeste para disponer para su provecho las tierras más fértiles y productivas. Su lema era claro:  "To Hell or to Connaught". Así fue como dejaron el castillo hasta que los aires cambiaron. Lo que nunca cambió es su vocación religiosa. Los Talbot, siempre se mantuvieron apegados a la fe católica, lo que los mantuvo por ejemplo al lado de James II de Escocia y les valió muchas muertes en batalla contra los Orange. También imagino, los mantuvo del lado de la Irlanda independiente considerando los testimonios que dejan constancia de la popularidad que supieron tener aún en medio de los agitados años veinte.

El castillo de Malahide atesora muchas pinturas, sin embargo fue una la que más llamó nuestra atención: un retrato de Milo y Rose Talbot en las faldas de su mamá. Milo y Rose fueron los últimos descendientes de los Talbot y custodian el castillo, aún hoy, desde ese cuadro. Rose, pintada con la técnica "Mona Lisa Style" (literalmente así lo mencionó la expresiva y locuaz guía), nos mira fijo cuando pasamos frente a ella, con tanta persistencia que parece incluso girar su cuerpo a medida que cambiamos de ángulo y nos alejamos. Notable obra (no logro lamentablemente dar con el nombre de su pintor).



La visita no es completa si no incluye los jardines diseñados por Milo Talbot, que si bien no tuvo hijos, dejó en los jardines un magnífico legado y ... las historias de fantasmas. Están tan presentes que hasta nos mostraron una pequeña puerta y un balcón desde el cual los fantasmas controlaban (y aún controlan) lo que sucede en el gran living. ¿No me creen? Les dejo la foto del living -en el ángulo, se observa la pequeña puerta, el balcón detrás de la araña-. No busquen al fantasma, no quiso posar.... o... es él quien se deja entrever?!?



PD. Al regreso y, antes de tomar el tren de regreso a Dublin, vale la pena caminar hasta el mar. La pintoresca ciudad se extiende con muchas flores y casas coloridas sobre la costa. 


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