viernes, 7 de octubre de 2016

Más cerca de James Joyce.


Nunca leí a James Joyce. Siempre me despertó curiosidad pero nunca logré leerlo. De muy joven, por pudor (lo que me llegaba del libro parecía sórdido). Más grande y superadas las zonceras, por el temor a que mi inglés no estuviera a la altura. Más recientemente, porque creo que no me llegó la hora, y que debiera leerlo guiada en algún taller literario al que no encuentro el momento para ir. La buena noticia es que a esta altura de mi vida ya aprendí que las cosas llegan en el momento justo. Ni antes, ni después. 

Tal vez sea por esa razón que en nuestro primer viaje a Irlanda Joyce se nos cruzó sólo en su célebre estatua callejera. Sin embargo esta vez, más detenidos, nos zambullimos tanto en el Centro James Joyce en Dublin (caminata de 10 minutos desde O'Connell Bridge) como en el Museo James Joyce, en la Martello Tower de Sandycove (30 minutos de tren Dart hacia el sur), exactamente donde se ambienta el comienzo del celebrado Ulises. Y... logramos acercarnos. Acercarnos a su biografía, a su condición de irlandés ciudadano de Dublin donde sea que él esté, a sus obsesiones, a algunos de sus personajes, a quienes desde la vida real los inspiraron. ¿Nora, su mujer de toda la vida, con la que caminó por primera vez un 16 de Junio, es Mollie?



Es que la realidad y la ficción en el Ulises de Joyce no se distinguen evidentemente, e invitan a recorrerlo en un juego de espejos.  La vida entera se subsume en un día (o más precisamente en 18 horas y 45 minutos) y en él, el amor y la decepción, el paraíso y el infierno. Todo sucede en ese 16 de junio, que se repite hasta lo inimaginable en su homenaje bajo el nombre de Bloomday, días de verano en los que los amantes y devotos del libro recorren cada una de las paradas que sus personajes hacen en Dublin. Dublin, apenas una ciudad. También el Universo. Hoy, algunos rincones escenográficos permanecen intactos. Otros, solo existen a través de testimonios. 

Dicen algunos expertos que el Ulises de Joyce es la novela más compleja jamás escrita. Borges (quien hablando de cercanías fue el primero en acercarme a Joyce), dijo alguna vez que era ilegible y que, tal vez, no haya sido creada para ser leída, sino estudiada, paladeada de a tramos. También en un poema cuyo título es "James Joyce" escribió inspirado por la lectura, total o parcial, no importa mucho...: "En un día del hombre están los días del tiempo..."

En el Ulises...¿son más importantes, los personajes o el lenguaje? Siguiendo una lectura tradicional tendemos a aferrarnos a la trama, a Leopold Bloom, Mollie Bloom, Stephan Dedalus. Sin embargo algunos críticos dicen que el verdadero protagonista es el lenguaje reinventándose en versiones desconocidas. No solo desde las palabras inéditas, sino también desde el uso o ausencia de los signos de puntuación. Sobre la ausencia, el último capítulo pone a Mollie y su soliloquio en el centro de la escena. Es ella la que tiene la última palabra, y es "yes". Termina con un "I will yes" que a mí, personalmente, me remitió a pensar en que en este juego de literatura que propuso Joyce, "yes" se había convertido en verbo... una sola coma hubiera impedido mi divague. 

No sé si leeré alguna vez el Ulises. Tal vez. Lo que es seguro, es que me siento más cerca.




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